¿Aburrido de que cada vez que llueva suenen en las radios la repetidas “November Rain” de Guns N’ Roses o la melosa cancioncita de LosBunkers? , pues +ROCK te trae las mejores canciones de lluvia de la historia del rock para aquellos días en que San Isidro (?) hace de las suyas. No queremos desgastarnos en grandes historias ni grandes discursos que nadie leerá :P, sino que te dejaremos a continuación nuestro playlist en Grooveshark de las que hemos denominados #cancionesdelluviarockeras gracias a los gentiles aportes a través de twitter de @AlainBizancio@chokru@oscarm_arq@griminina@ricardocordovac y @jimenajorquera
Bueno, de todas formas, les dejamos de relleno los destacados del playlist, partiendo por la siempre terrorífica imaginería de los americanos de Slayer, quien nos lleva hasta el purgatorio a aguardar nuestro castigo mientras el cielo se torna rojo y comienza la lluvia de sangre, lo que quedo retratado en su presentación registrada en el DVD ‘Still Reigning’
Lloviendo sangre, de a de veras.
Como muchos de ustedes saben, en Grooveshark no es posible encontrar a The Beatles, por lo que su gran canción “Rain” quedó fuera del playlist, pero se las dejamos acá para que la disfruten antes de ponerle play al listado de más abajo.
un gran video, para una gran canción
Tampoco pudimos encontrar otra gran canción de lluvia en español, la que tampoco tiene un video oficial: “Llueve” de Pedro Aznar de la cual solo encontramos esta versión:
Y finalmente, mi canción preferida de lluvia, de nada más y nada menos que Led Zeppelin“The Rain Song”, el mismo titulo lo dice: LA canción de la lluvia, y no hay mas! jaja. Saludos y gracias a quienes colaboraron.
del mítico show en Madison Square Garden y su versión en “The Song Remains the Same”
Y, el playlist, disfruten y agreguen sus comentarios.
Mike Patton es un tipo bastante fuera de lo común, siempre reinventándose y siempre saliéndose con la suya, un rockstar atípico, un rockero que detesta el encasillamiento del rock y cuyas proezas son alabadas casi ciegamente por sus fanáticos. Tanto así que se da el lujo de publicar discos solistas inescuchables, pero que igualmente son alabados por sus fervientes fieles de la ‘iglesia pattoniana’. Mientras se mantenga dentro de los “márgenes” de la definición de lo controversial y bizarro, todo es aceptado.
Patton se ha encargado de destruir el concepto de héroe ‘anticuado’ del rock, ese que comía murciélagos, salía con modelos y actrices de pechos turgentes, y hacía públicos sus excesos con drogas y alcohol (y moría a los 27 o 32 años). Su imagen de rockstar se asocia a despegarse de esos moldes y aparecer de cuando en cuando con una versátil propuesta musical (incluidos sus inescuchables discos solista) ya sea con sus múltiples bandas, o bien colaborando con artistas alejados de las guitarras y los riffs. Podríamos decir que esa es la marca registrada de Patton, donde haya un margen, un encasillamiento, el llega para romperlo y patearlo, una versión del Bowie-Camaleón pero del siglo XXI, sin duda manteniendo en alto la bandera transgresora que el rock tuvo en sus inicios y que muchos olvidan.
Ejemplos de esto hay muchos, como lo es el espectáculo que lo traerá de regreso a nuestro país (Mondo Cane) donde rescata canciones populares italianas (!) y las instala en las discografías de los fans del rock de Faith No More, el eclecticismo de Mr. Bungle y la oscuridad de Tomahawk.
La reunión con Faith No More los trajo a nuestro país 2 veces recientemente donde nuevamente se dio el lujo de enrostrarnos nuestro tercermundismo al rememorar aquella practica noventera de escupir a los artistas y pedir que lo hicieran de nuevo, pero ahora desde cancha vip, desde donde luego surgieron decorosas denominaciones para tal acto como el ‘momento kitsch’ del show.
El regreso con la banda que lo lanzó a la fama se produjo luego de renegar tantas veces de la misma, de su música y de su ‘imposible’ regreso, que es donde se produce la paradoja que titula el post. Las razones de este regreso nunca han quedado del todo claras y se prestan para interpretaciones asociadas solo al lucro que produce una gira mundial únicamente con grandes éxitos y la nula pretensión de sacar un disco nuevo. He ahí donde la versatilidad de Patton y su prolífica carrera se detienen para solo dejarnos un producto, un frontman que payasea con el animador que se le cruce por delante, con cualquier publico y recurriendo a los clichés que los anticuados héroes del rock han sobreutilizado por los años: “son el mejor publico del mundo”. Paradójicamente la banda que lo lanzo a la fama, que los trajo al festival de viña y lo hizo rotar periódicamente por MTV cuando daban videos musicales, es la encargada de re-encasillar a este antihéroe y situarlo en el lugar que siempre renegó y al cual (si nos volvemos puristas) nunca debería haber vuelto, no lo necesitaba. Patton se movía cómodamente entre sus proyectos solistas alejados del rock y sus proyectos más ‘definidos’ con Mr. Bungle, Fantômas y Tomahawk, bandas quizá no tan populares como Faith No More, pero musicalmente respetables y que ojala algún día puedan ser vistas en algún escenario nacional. Tenía su rumbo propio, era el antihéroe que nos sorprendía con su abanico musical de cuando en cuando y nos llevaba a descubrir nuevas sonoridades musicales acompañados de su gran talento vocal. Pero este ‘libreto viejo’ en algún momento le sonó cómodo, este revival de los noventa que tanto les gusta a las disqueras y a los publicistas que no tienen que inventar cosas nuevas sino buscar eso que alguna vez ya funciono y ya esta probado, acepto, salió de gira una y otra vez y hasta quizás sea otra de sus ‘excentricidades’. La música y el nicho de fans ahora con el poder adquisitivo que no tuvieron en los ‘90 lo agradecen, pero también esperan que una vez que este ‘refrito’ se estruje hasta más no poder (existe algún limite?) podamos disfrutar de su versatilidad musical con el resto de sus proyectos.
El año pasado se despidieron del mundo y de su gira en nuestro país, ahora (coincidiendo con la redacción de este post) se anuncia su regreso al Festival Maquinaria 2011 y a Rock In Rio 2011 , provocando alguna desazón entre sus seguidores [1][2][3] que guardaban entre sus tesoros aquel imborrable (?) recuerdo de aquella noche en que su banda favorita eligió al publico chileno para despedirse “por ser el mejor publico del mundo”.
del baúl de los recuerdos, entrevista a Revista Rock&Pop en Septiembre de 1997.
Hace un tiempo atrás, escribí sobre las bandas tributo, y luego se puso interesante la cosa en los comentarios, principalmente en la discusión sobre el rol de estas bandas en el escenario local, y su valor artístico.
En esta oportunidad, no se tratará de bandas de cóvers, sino de los cóvers en sí mismos.
Casi todo músico (y los aficionados a los instrumentos que multiplican la lista por mil), y especialmente en el rock, se inicia en el instrumento con la enorme sed de poder tocar la canción favorita, luego los temas del disco favorito, y así, de forma que en algún tiempo se arma un repertorio de cóvers en el cuerpo. Como esta condición es común a casi todos los músicos, algunas veces en ensayos, o en sesiones de grabaciones de discos, las bandas se proponen hacer sus propias versiones de temas que les han inspirado, individual o colectivamente.
No son pocos los casos en que bandas de renombre universal han dedicado discos completos a esta tarea, convirtiéndose en cover-bands de rompe y raja. Pero! el matiz, los colores, y los otros miles de millones de aportes que pueden hacer en sus versiones, especialmente cuando le agregan su sello propio, hace que un tema brillante como puede ser el original, adquiera un nuevo brillo, un lustre diferente, y no han sido pocas las ocasiones en que he preferido un buen cóver a su versión original.
Voy a hacer un ejercicio... les dejo mi top 20 de los cóvers, naturalmente, sin consultárselo a nadie, y sin pretender identificar a nadie en particular. Vea usted si le gustan, le revientan, o si habrá alguno que hizo falta poner en los 20.
Al final de esta página que Usted está leyendo hay una sección de comentarios, que convierte cualquier post en una delicia...
Acá el tracklist con mi top5 personal made in Chile:
El disco homónimo de Los Tres fue el primer álbum que lanzaron al mercado, su aparición se enmarca histórica y culturalmente como un paradigma del rock nacional de los 90.
Histórico, porque nuestro país a comienzos de los 90 comenzaba a vivir en democracia, muchos aspectos de la vida en sociedad se debieron retomar o peor aún, muchos se debieron sembrar y cultivar, esta nueva realidad repercutió en todos los ámbitos de la contingencia nacional, y obviamente también en la música, es que pasar de una dictadura absoluta a una “dictadura constitucional” con libertad social no es fácil, el nuevo orden entregó la posibilidad de expresarse bajo un alero democrático, este factor dio pie para que Los Tres - un grupo que según el mismo Henríquez tiene una tradición política originada en su natal Concepción-se manifestara con énfasis en su primer disco respecto del proceso político-histórico anterior y que el país comenzaba a dejar atrás.
Los discos de Los Tres, siempre han tenido la canción protesta como parte de su esencia, en su álbum homónimo, canciones como Pájaros De Fuego y Primera vezhacían hincapié en el rechazo hacia el régimen autoritario anterior de manera clara y contundente, este pequeño paso constituyó un avance revitalizador, para el joven que en ese entonces buscaba referentes y que esperaba encontrar un espaldarazo en la música y por otro lado para el Rock como movimiento, el cual necesitaba de una protesta pública y artística masiva con amplia difusión en radios y televisión.
Además de paradigma histórico, el álbum Los Tres es también un paradigma cultural; porque es un símil a escala nacional de lo que fue el Nevermind de Nirvanapara la escena norteamericana y en definitiva para la escena mundial, el 24 de Septiembre del 1991 fue publicado aquel venerado álbum, el mismo año pero 20 días antes, Los Tres dieron el punta pie inicial para un cúmulo de bandas rockeras que comenzábamos a escuchar en las radios, salía a la venta su disco homónimo , todo un acierto, pues la verdad es que la escena nacional necesitaba energía inyectada con jeringas en ambas orejas, un aletargado movimiento punk para mi gusto demasiado empecinado en mantenerse como parte de un movimiento underground sobrevalorado y un rock latinoamericano eternamente cuestionado por su poco compromiso respecto de la situación política que la década de los 70 y 80 vivían países como Chile, Brasil y Argentina pedía a gritos un giro y renovación.
La trascendencia histórica y cultural de Los Tres a partir de los 90 es cuestionada por autores como Fabio Salas en su libro “El Grito Del Amor” (1998), aludiendo que la importancia de Los Tres para la escena artística nacional no sería tal y que la relevancia de la banda en la escena rock chilena es más bien fruto de la acción publicitaria sostenida del sello musical internacional con el cual grabaron su 2º disco y de una prensa que aprovecho dicha oleada, más que por una repercusión profunda y sincera en la juventud que iniciaba un ciclo junto con los cambios que el país vivía en los 90. Dicha afirmación es cuestionable, toda vez que ya han pasado 20 años de producción musical de esta banda, lanzando recién el año pasado su último disco; Coliumo, el cual nació como un homenaje a las víctimas del 27F.
El álbum Los Tres, es también el Nevermind chilensis porque a través de él, la banda supo surfear y masificar su mensaje Político-cultural a puro rockabilly y folklore al ritmo de los medios pero sin caer en lo burdo y estandarizado, tal como Nirvana logró hacerlo a nivel mundial apoyado en una maquinaria mediática mayor que la criolla que era apuntalada por una propuesta musical fresca y diferente.
Es necesario agregar que el desarrollo musical de Los Tres a lo largo de estos 20 años, se vio favorecido porque sus integrantes conforman una mezcla que personalmente encuentro genial y completa; un vocalista acostumbrado a componer canciones de amor y odio, de protesta política y social, o simplemente, de crónicas que tienen su origen en la idiosincrasia nacional, siempre desde un correlato no desde lo obvio o predecible, la poesía urbana es el fuerte de Henríquez. A este se suman dos músicos de excelencia como lo son Ángel Parra y Roberto Lindl, el primero guitarrista formidable, para mi gusto uno de los mejores en Chile, con un pasado en el Jazz, y Lindl con estudios de conservatorio en Viena…imagínate que es eso! Ambos aportan la clase al grupo y la capacidad técnica para pasar del folclor a un rock setentero o de un Rockabilly a un Bolero, todo este cuadro precioso con el telón de fondo que proporciona un capo del jazz como lo es Francisco Molina en la batería.
Es justo y necesario que el Sábado 9 de julio en el Caupolicán Los Tres celebren los 20 años del lanzamiento de su primer álbum, hay historia y contenido detrás de estos músicos, algo me dice que tanto ellos como la música chilena merecen esta celebración.
Un instrumento es a un músico, como la pareja a un(a) celópata. Bajo esta dimensión, pareciese ser una verdadera perversión. Y quizás lo es. El punto es que un instrumento puede representar un objeto de deseo y a su vez un verdadero fetiche.
Hoy me pasé horas lustrando mi bajo, sacándole brillo, limpiándolo, clavija a clavija, tornillo a tornillo, limpié sus cuerdas, el sistema electrónico, el WD40, el lustre al bajo, la limpieza del mástil, la revisión del quinteo, la calibración...
Tuve esa sensación de que ha sido tan maltratado (lo obtuve de segunda mano), y ahora no sólo quiero quererlo, y darle el cariño que se merece, sino purificarlo... Porque a diferencia de otro tipo de relaciones, puedo hacerlo.
Le cambié las cuerdas, suena contento, feliz, y no necesariamente porque las cuerdas sean las “mejores del mercado”, tampoco porque haya gastado muchas lucas, ni energía, sino porque por fin se le quiere, por fin se le trata como merece.
Ahora sólo espero que al tocar, sienta que le hago justicia, y he ahí el desafío, que por más que se vea y se sienta impecable, lo importante es que suene impecable.
El otro día lo dejé dormir una siesta, porque estaba cansado, así que por primera vez, el muchacho pudo descansar...
El documental realizado el 2008 por Davis Guggenheim es sin duda un buen ejercicio, casi obligado luego de la importancia que tomo la guitarra eléctrica en el desarrollo de la música desde la segunda mitad del siglo XX, es cosa de ver el éxito que tuvo Google con su doodle en homenaje a Les Paul la semana pasada, o bien el éxito de juegos de consola como Guitar Hero o Rock Band, el rock no ha muerto ni mucho menos lo que una guitarra pueda transmitir.
Lo tiene claro Jack White, uno de los protagonistas de este rockumental, a quien primero vemos ‘maestreando’ con desechos, por breves minutos hasta que logra obtener un sonido desde el armatoste que fabrico, para lanzar casi una declaración de principios “Quien dijo que tenias que comprar una guitarra?”. Una declaración que se remonta a lo mas primitivo de la búsqueda musical y de la curiosidad humana, desde donde nacen las expresiones artísticas originales, una especie de minimalismo histórico al cual White nos tiene acostumbrados.
el trailer oficial.
Su presencia no extraña, considerando la idea del director de reunir a 3 grandes guitarristas, con una distancia de más menos 15 años respecto a su influencia musical, para mostrar la grandeza del instrumento y las posibilidades que se le pueden dar. El segundo invitado es un lujo, nada mas y nada menos que Jimmy Page, el genio de Led Zeppelin, quien en los ‘70 se encargo de re-leer clásicos del blues en clave rockera, con una impronta inconfundible que los llevo a ser la banda más grande del planeta por esos años. Su relación con White es inmediata, quien a partir de su trabajo en TheWhite Stripes, The Racounters y The Dead Weather va definiendo nuevos sonidos a partir de una solida base en el pasado, como lo muestra el documental.
Donde aparece el conflicto, y da la razón al titulo del articulo, es en el tercer invitado: The Edge, de U2. Uno puede tener muchas cosas en contra de la música de U2, de su vocalista-amigo del poder Bono, pero de todas formas espera que el hombre demuestre razones de su presencia en el registro visual de Guggenheim. Pero no, finalmente se autodefine como un músico aislado del tiempo, sin influencias y solo apelando a su dudoso talento de usar variados efectos para lograr rebuscados y rimbombantes sonidos, muy lejos de la ‘honestidad’ de recursos de Page y White, quienes van más en busca de un sentimiento profundo que de un efectismo vacío. Un músico que solo muestra un poco de humanidad y relación con el resto al apreciar anonadado interpretar el potente clásico de Zeppelin “Whole Lotta Love” en manos de Page, a quien tanto el como White lo miran como 2 colegialas frente al galán de moda. Sin duda uno de los grandes momentos del documental.
Embobados escuchando al maestro..
¿Quien debería haber ocupado su lugar, de los guitarristas de los ‘80? Solo se me ocurren nombres mas cercanos al metal, como Hammett, K.K. Downing o Hanneman por nombrar a algunos, lo que sin duda no estaba en los planes del director quien supongo quiso llevar su material al máximo publico posible, lo que vendría a ser el único aporte del calvo guitarrista ingles.
De todas formas, el documental es imperdible, con imágenes e historias del lugar donde se grabo el Led Zeppelin IV, y las técnicas usadas en clásicos como “When the Levee Brakes” o cual es la fuente de inspiración del sonido innovador de The White Stripes.
León Gieco es un músico que se pasea a sus anchas en el rock y el folklore. Tiene una colección de temas del repertorio latinoamericano que sorprende.
Un tema que siempre me gustó y que reapareció en mi memoria hace poco es "El Ángel de la Bicicleta", y cuya letra me calaba. Pero ahora supe la historia tras la letra, y el sentimiento se duplica. No es que me haya puesto tan mamón, pero si no le conmueve, es porque no tiene alma.
Claudio “Pocho” Lepratti, de 35 años, auxiliar de cocina en una escuela de Rosario, recorría las calles recolectando alimentos para llevar a las "villas" (que son lo que nosotros llamamos con despección poblaciones), y las servían a los niños en el comedor de la escuela. Eran los años de "corralito" y caos político en Argentina, con De la Rua en la presidencia, en ese aparentemente lejano año 2001.
Una tarde de enfrentamientos, la policía avanzaba disparando al aire y se aproximaban a la escuela. Pocho, subió al techo de la escuela en la que preparaba comida, preocupado por la seguridad de los niños, y sólo deseando calmar la violencia represiva contra la población, grita a la patrulla que avanzaba disparando al aire: "Bajen las armas! que aquí sólo hay pibes comiendo!". La patrulla se detiene, bajan los policías y Pocho termina muerto sobre el techo, producto del balazo que le propina un policía.
El homenaje de Gieco es ahora muchísimo más conmovedor. Ligar la lucha social y el rock siempre funciona para mí.
Les dejo la canción acá, sin nada que agregar... una versión de Gieco con D-mente.
Con The Strokes no hay términos medios. Se los ama o se los odia, se los sobrevalora o se los ignorará hasta el hartazgo. Lo único cierto, es que su derrotero ha mezclado gotas de glamour, éxito, fracaso, intrascendencia y ahora un sentimiento de desgano y aburrimiento que trasciende su último y esperadísimo cuarto disco “Angles”.
Sin embargo, The Strokes representa mucho de cómo se hizo la música en la primera década del siglo XXI, siendo fieles representantes de la industria indie que surgió como una movida en donde los chicos lindos y adinerados conquistaban a la critica, al público y al negocio de la música. Pero The Strokes, pese a sus limitaciones, tuvo alma, talento y sangre para marcar tendencia y dejar su huella entre tanta banda similar.
Era el 2001. Las radios norteamericanas y británicas babeaban con el aggro metal de Deftones, Limp Bizkit y Link Park o por bandas inglesas peso pluma, como Travis, Starsailor o Coldplay. Fue en este contexto cuando irrumpe su primer disco: “Is This It”, retomando la senda de lo que habían sido los buenos 90’s con los viudos del grunge y del rock británico.
En ese disco, y en los dos siguientes - el notable “Room On Fire” (2003), y el subvalorado pero maduro “First Impressions Of Earth” (2006)- se resume el sonido de la banda: una mezcla de rock garaje, melódico, con tintes retro pero con cierto desparpajo adolescente. Los dos primeros discos tienen la simple características de tener buenos temas en álbumes de corta duración, todo un presagio de lo que se venia de aquí en adelante y lo que la industria necesitaba: algo rápido, digerible y poco elaborado. Quizás, es ahí en donde se encuentran los anticuerpos y la lápida para sus detractores: ser la imagen de lo que está de moda, de lo cool, de lo indie , de las chaquetas de marca, los pitillos y los lentes de sol.
Sin embargo, la imagen The Strokes se separa de la banda de carne y hueso que hizo buenos discos y que como buen grupo de rock empezó de la nada misma. Desde los inicios se desvelan por lograr “el sonido” de la banda, sienten cierta la frustración de no lograrlo y el alivio cuando se solidifica. En los tres primeros álbumes, The Strokes es finalmente un compromiso con la identidad, con tener el control de su creación en una industria que no te deja; de que a pesar del glamour y cierto divismo snob, en la sala de estudio todo era sangre y sudor para su manifiesto musical, con aciertos y desaciertos, pero sin llorar.
“Angles” presenta a la banda en un estado de malestar y estancamiento, luego de cinco años de proyectos personales y descanso. Suenan con el piloto automático puesto, cansado de si mismos y con experimentos que más tienen que ver con desidia que con la búsqueda de nuevos recursos. Los neoyorquínos se encuentran en una encrucijada entre ser pasado o ser futuro. Los mismos integrantes han mencionado la inadecuada preparación del disco en donde trabajaron separados para la confección de los temas, quebrando su principal virtud, que era la dedicación en la sala de estudio. A pesar de todo esto, el disco deja algunas joyas como “Under cover of darkness", “Machu Picchu”y “Life is simple in the moonlight”.
La duda que queda es, si se alargó mucha la cuerda o si tienen algo más que ofrecer. Quizás fueron el antídoto perfecto en el 2001, pero pasado 10 años, no se ven señales de como seguir. La esperanza de los integrantes se encuentra es que estas nuevas giras y la preparación de un quinto disco enmiende la ruta de una banda, que pese a sus limitaciones, ha logrado un sonido icono de la década, abriendo paso a nuevas bandas y melodías cuando los viudos de los mediados de los 90’ se dormían la siesta esperando algo que no sonara Papa Roach o Coldplay.
Antes de dedicarse al reggaeton pop-rock-electrónico, Chris Cornell (nacido como Christopher John Boyle) poseía una carrera llena de puntos altos, contando sus conocidas agrupaciones y una destacable carrera solista. Inclusive, cuando llegó a versionar una canción del icono pop Michael Jackson, principalmente por su extraordinaria calidad vocal y una capacidad compositiva y lírica también descollante.
A través de aquellos brillantes años en Soundgarden, el hito de Temple Of The Dog, la experiencia en Audioslave, y sus discos solistas (el primero con la ayuda de unos subvalorados Eleven), existe un punto en común, un elemento recurrente que de cuando en cuando era abordado por Cornell en sus letras: Jesús.
La primera canción que se viene a la cabeza, lógicamente, es 'Jesus Christ Pose', de aquel grandioso Badmotorfinger de 1991. La canción, trata acerca de los falsos mesías, la falsa lástima; también va contra las estrellas de rock que, desde arriba del escenario, se muestran como los nuevos salvadores de la música. Es el propio Cornell quien cita, que la letra de esta canción está inpirada por el líder de Jane's Addiction, Perry Farrell (el mismo que eligió nuestro país como la "tierra prometida" para su festival Lollapalooza), al que considera como uno de los aprovechadores del uso de la religión para su beneficio personal.
And you stare at me In your Jesus Christ pose
Arms held out like You've been carrying a load
And you swear to me You don't want to be my slave
But you're staring at me Like I need to be saved
Y me miras En tu pose de Jesucristo
Brazos extendidos como si Hubieras estado llevando una carga
Y me juras Que no quieres ser mi esclavo
Pero estás mirándome Como si necesitara ser salvado
En el disco Badmotorfinger, existe otra canción con temática religiosa: 'Holy Water', y un poco antes en el EP Foop (1988) lo había hecho con 'Hand Of God'. Pero este cuento con el mesías tendrá más antecedentes. Ese mismo 1991, cuando se edita el disco homónimo de la super-banda Temple Of The Dog, Cornell escribe y compone 'Wooden Jesus', donde retrata a los telepredicadores, aquellos charlatanes que lucran con la fe y las creencias de la gente.
Wooden Jesus, where are you from?
Korea or Canada or maybe Taiwan
I didn't know it was the Holy Land
But I believed from the minute
The check left my hand, and I pray
Jesús de madera, ¿de dónde eres?
Corea o Canadá, o quizás Taiwan
No sabía que eras de Tierra Santa
Pero lo creí desde el momento en que
El cheque dejó mi mano, y recé
En Superunknown, el disco de 1994, en una canción relativa al apocalípsis y los relatos del Nuevo Testamento, '4th Of July', dice:
Ya como solista, en 1999 lanza su primer disco Euphoria Morning, con la colaboración de su amigo Alain Johanness y Natasha Schneider (ambos de Eleven), con quienes ya había indagado en "lo celestial" con una gran versión del 'Ave Maria', el famoso lied del compositor romántico Frank Schubert. Pues bien, en el álbum aquel, en la canción 'Sweet Euphoria', Cornell vuelve a citar al "hijo de dios":
Bleeding on the heads Of the ones who nailed you down
I'm your disappearing one
Y mientes como una pintura de Cristo
Sangrando sobre las cabezas De los que te crusificaron
Soy al que desapareces
Al reunirse con los ex-Rage Against The Machine a comienzos del milenio para dar vida a Audioslave, en su primer disco homónimo, Cornell desliza una metáfora de la crucifixión en 'Show Me How To Live', en cuyo videoclip además aparece liderando al grupo por el desierto (¿como Jesús?).
Nail in my head
From my creator
You gave me life
Now, show me how to live
Un clavo en mi cabeza
De mi creador
Tu me diste la vida
Ahora, enséñame como vivir
También en el mismo disco, se lanza con otra letra digna de parábolas en 'Set It Off':
¿Los 12 apóstoles de Cornell? Si vamos un poco más allá y nos ponemos en onda hereje-numeróloga (?), si contamos a todos quienes han participado en estos proyectos junto a Cornell, nos da un total de doce, tal como el numero de apóstoles que tenia Jesús, partiendo desde Soundgarden (Matt Cameron, Ben Sheperd, Kim Thayil), siguiendo con Temple Of The Dog (Stone Gossard, Eddie Vedder, Mike McCready, Jeff Ament), Audioslave (Tom Morello, Brad Wilk, Tim Commerford), además de Alain Johanness en su primer disco solista. Hasta ahí van once, siendo el último y personificando a Judas, el productor Timbaland, quien lo vendió al pop más basura. ¿Y Natasha Schneider? Claro, María Magdalena (!).