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Sonido Esencial

El pasado 15 de junio, la multifacética Banda Conmoción repletó el Teatro Nescafé de las Artes en la presentación de su dvd en vivo ‘Sonido Esencial’. Lo que aconteció aquella noche, bajo la pluma del destacado escritor y académico Fabio Salas.

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Un paseo por Primavera Sound

Sin duda, el Primavera Sound se ha transformado en uno de los más importantes megafestivales dentro del circuito alrededor del orbe. Para su versión 2013, tuvimos la oportunidad de cubrir el evento y registrar su gloria. Acá nuestras impresiones

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Blur vs. Pinochet: crítica neoliberal

Más allá de la razón principal de la suspensión de su show en 1999, nadie había reparado en el texto discursivo de Blur, claramente más incendiario que su nacionalidad, ya que atacaba al espíritu del siniestro legado de Pinochet: el neoliberalismo

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David Bowie: la odisea sin fin

Desde el invasor Ziggy Stardust hasta su autoexilio como padre devoto, el mesiánico David Bowie ha sabido mover los hilos de su odisea musical sin fin con inteligencia y aplomo. Revisamos su brillante, multifacética y siempre polémica carrera.

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1979: el inicio de la banda sonora de los 80

Los años 80. Década de transformaciones, crisis y luchas. La música popular también vivirá sus cambios: múltiples estilos teñirán de diversos colores a toda una generación. En +R proponemos los 20 discos de 1979 para entender el sonido de los 80

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Record Store Day: un poco de historia

En esta nueva edición de +R, nos propusimos abordar la temática de las disquerías, aludiendo al recién pasado Record Store Day que se realiza en EE.UU. Pero, ¿qué es esto? Acá, la historia de uno de los días favoritos para los melómanos.

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La casa del Metal: sellos discográficos

Dentro de la industria, el Metal se ha convertido en un estilo atractivo para hacer negocios por una razón: sus fanáticos son verdaderos amantes del género. Tanto, que algunos formaron grandes sellos desde la independencia. Acá los analizamos

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El cosmos rebelde del Krautrock

En esta segunda entrega de “revoluciones inconclusas”, analizamos el surgimiento del rock en la Alemania posguerra. Descontento, sintetizadores y música clásica se funden para dar vida al llamado Krautrock, estilo que dejó huellas indelebles

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Chi, el salvador de Deftones

En el estreno de nuestra columna de opinión, abrimos el espacio para dejarle unas palabras de cariño y respeto desde esta tribuna a Chi Cheng, el carismático bajista de Deftones, que el pasado 13 de abril dejó este mundo luego de 5 años en coma.

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NOLA Effect: el inconcluso reencanto del metal

Estrenando el ciclo “revoluciones inconclusas” del rock, analizamos la escena metalera de New Orleans, que aún teniendo a Phil Anselmo comandando las huestes noleanas, no logró consolidarse dentro de esta época esquiva a los sonidos más pesados.

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Tres años de Lollapalooza

En el 2011, un montón de amantes de la música quedamos atónitos con el arribo de Lollapalooza a Chile. A 3 años de la realización de este colosal evento, nos preguntamos: ¿cuáles serán las lecciones que trajo consigo el arribo de este festival?

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Una visita al túnel del tiempo

Desde el momento que se conoció la grilla del Cosquín Rock, las alertas se encendieron. Lebón, Aznar y García, pilares del rock argentino con Serú Girán coincidían la misma noche. Luego de mucho nerviosismo y ansiedad, el rumor se cristalizó.

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Una tarde con Soundgarden

Aunque aún alejados de escenarios latinoamericanos, Soundgarden volvió a las canchas con la gira promocional de su reciente disco por Estados Unidos. Estuvimos en uno de sus shows y te contamos qué traen de nuevo los sonidos (en vivo) del jardín.

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Woodstock: aquí nació la nostalgia 'hippy'

Hace ya 44 años, medio millón de jóvenes se hacinaban en Woodstock, el padre de todos los festivales musicales. Fue, quizás, el desastre más exitoso de la historia. Tres días de paz, amor y música convertidos en la imagen icónica de una época

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Sábado en la noche: rock en dictadura


No es difícil tratar de imaginar lo complicado que fue ser músico en plena época de la dictadura chilena (1973-1990). Sin profundizar mucho: como ejemplo para los que osaran a rebelarse, a 4 días iniciado el golpe militar acribillaron a Víctor Jara; nuestros rockeros por excelencia, Los Jaivas, se autoexiliaron en Argentina por temor a retornar al país; la DICAP fue desmantelada y destruida. Así, muchos músicos vieron reprimidas sus carreras bajo un implacable plan de extinguir todo vestigio de cultura. Tras toda esa vorágine de violencia y prohibiciones, se produjeron profundas transformaciones en la vida nocturna de Santiago, el horario estelar para disfrutar de un buen espectáculo.

De las épocas míticas de las peñas folclóricas y de los malones nocturnos capitalino se pasó a una era de menor intensidad y frecuencia de tales prácticas. Todo ello ocurrió en un marco permanente de vigilancia y represión de los lugares y personas que intentaron dar otro talante al período. La apertura y cierre de locales, así como su continuidad como lugares de vida nocturna tuvieron una especial significación durante los años ochenta como rechazo a la dictadura militar.

"Santiago no has querido ser el cerro, y tú nunca has conocido el mar 
¿Cómo estarán ahora tus calles, si te robaron tus noches? 
En mi ciudad murió un día, el sol de primavera a mi ventana me fueron a avisar. 
Anda, toma tu guitarra, tu voz será de todos los que un día tuvieron algo que contar"
Santiago Del Nuevo Extremo – A Mi Ciudad (1981)

El Golpe Militar puso fin a la efervescencia cultural que había en la época de la Unidad Popular, y se estableció, en lo político, un sistema autoritario represivo basado en la doctrina de la seguridad nacional que produjo la detención, muerte, desaparición y exilio de muchos ciudadanos, algunos de ellos poetas, músicos, actores, etc. En este período, también, se asientan las bases de la institucionalidad neo-conservadora y neo-liberalista en nuestro país, las cuales han tenido una explicación pobre e invisibilizada en el terreno socio-cultural para intentar explicar en forma íntima los procesos de cambio vividos por la sociedad en general tras las políticas de ajustes dictatoriales o "políticas de shock", como lo plantea la connotada periodista Naomi Klein.

A partir de un declarado rechazo a las manifestaciones que representaban una amenaza al patrimonio e "identidad nacional", en el que la cultura corporizó una arista visible del "enemigo interno", la reacción contra aquello que recordaba la cultura militante confluyó en la implementación de un arduo artefacto represivo que procuró enfrentar a su adversario en sus múltiples dimensiones. No sólo se arremete contra los cuerpos, sino que combate al otro en sus símbolos, su memoria, sus tradiciones y sus ideas.

Con esto, es menester preguntarse acerca de lo que pasó con el tiempo libre y el esparcimiento de los chilenos y chilenas de esa época, sobre todo de los jóvenes y de los lugares de diversión o encuentro que frecuentaban, y para el desarrollo de este artículo, los lugares donde se impulsó el rock en nuestra capital.

La prohibición de la vida nocturna bajo el régimen de "estado de sitio" y "toque de queda" hizo más profunda la huella de la dictadura en las mentes de los santiaguinos, instalando una percepción de "miedo a la noche" sujeta a los patrones policiales impuestos por la dictadura -como la detención por sospecha y los allanamientos nocturnos- aún cuando se puede fechar la reestructuración de la vida nocturna en la urbe a partir de 1981, con el surgimiento del ‘Rincón de los Canallas’, en calle San Diego.


Fue durante los años 80, que Santiago comienza a generar embriones de diversidad cultural nocturna a partir de lugares semi-escondidos, donde se pueden cultivar estilos de diversión artística, sobre todo musical: desde el Canto Nuevo de las peñas a las tocatas rock en las universidades y las fiestas alternativas en nacientes espacios como el Garage Internacional, El Trolley, el Café del Cerro o la discoteca Blondie. Este es el indicador donde vemos que la vida nocturna no fue aniquilada por el régimen militar, sino, más bien lo que ocurrió, fue la permisión a la existencia de lugares citadinos nocturnos (con claro propósito anti-dictadura), para generar una situación de calma interna, frente a las detenciones, torturas, asesinatos y desapariciones vividas por muchos ciudadanos en el silencio terrorífico de la noche.

Así fue el contexto general dictatorial latinoamericano de la nocturnidad.

La vida nocturna en clave rock se volvió una herramienta indispensable para la dictadura. La Nueva Canción Chilena fue brutalmente perseguida con el propósito de extinguirla. Muchos de sus exponentes fueron exiliados -Inti Illimani, Quilapayún; otros, en tanto, vivían con el constante terror de ser allanados en sus salas de ensayo y detenidos, como fue el caso de los Blops; y otros daban la lucha musicalmente editando discos infiltrando canciones de protesta y crítica social maquilladas con las más hermosas metáforas para burlar la censura que se había convertido en una práctica estatal, siendo Congreso y Santiago Del Nuevo Extremo casos notables. Se persiguió todo lo que sonara a quena y charango.

En tanto, el rock, en frecuencia gringa y sin ningún elemento latinoamericano, no estaba formalmente vinculado con la izquierda. Por eso fue el rock la música que se ponía en los parlantes del los estadios para evitar que se escucharan los gritos de los detenidos torturados. La Secretaría Nacional de la Juventud, brazo juvenil del oficialismo, se dedica a auspiciar a grupos de rock chilenos como una forma de invisibilizar los problemas reales y alienar a la juventud. Está como ejemplo el auspicio de las tocatas dominicales en El Pueblito del Parque O’higgins. Se difunde el rock en inglés porque es una música que no tiene un contenido claro u opositor, y a la vez, se prohíbe cantar en español porque esto sí puede reflejar la cruda realidad, y con ello generar conciencia.

Con esto, se suprime el discurso propio y se impone e instaura la cultura del cover. Muchos grupos, como Tumulto o Arena Movediza tuvieron que tocar canciones de Yes, Led Zeppelin, Black Sabbath o Grand Funk para poder ser permitidos y tocar con tranquilidad. El rock se volvió un elemento funcional a la dictadura -de manera macabra- y al mismo tiempo, un elemento perjudicado por la misma.

El rock chileno tuvo que enfrentar una situación doble muy compleja de la que definitivamente salió perjudicado, ya que llevaba una trayectoria clara y directa hasta ese entonces, pero que luego del Golpe, se congeló. Toda una fuerza creativa se vio totalmente abortada. Los músicos estaban sujetos al toque de queda, no podían circular libremente y estaban obligados a tocar en sus propias poblaciones, a refugiarse en la periferia porque no se podía ir al centro. Una confinación física, incluso: no podían salir de sus casas porque había toque de queda, no podían cantar en español porque era peligroso, no podían tener canciones propias porque eran censurados.Se enajenó todo un público, toda una generación de adolescentes.


Todo ello hasta que el punk, el new wave y el electropop -estilos que aterrizaron en el país juntos y revueltos en los ochentas- comenzaron a transformar los ámbitos juveniles con nuevas agrupaciones y lugares. 1984 es el año en que Los Prisioneros revientan el Café del Cerro, en Ernesto Pinto Lagarrigue #192 (Barrio Bellavista). Por el mismo tiempo, aparecía el Garage Internacional, en Matucana #19 (Barrio Estación), administrado por Jordi Lloret, donde se hicieron masivas tocatas y fiestas anti-dictatoriales y donde nace, tardíamente, el punk chileno de la mano de los Pinochet Boys y Dadá. Se suman el viejo Teatro Carrera (Barrio Centro), donde tocó Florcita Motuda y se bailaba al son de Sumo. En El Trolley, de San Martín #841, tocaron los Fiskales Ad-Hok, Mauricio Redolés y los Electrodomésticos.

Esta andanada de lugares y personajes hizo ver la emergencia de una nueva juventud, menos atada que la de la primera época de la dictadura, que esperaba el plebiscito del 1988 bailando y disfrutando la noche, pero que vio truncos sus sueños de libertad con la asunción de la democracia pactada en marzo de 1990. Con la democracia vino la transición, período donde (supuestamente) se volvía a la libertad, a la no censura, a la fiesta. "El poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". La clandestinidad y amateurismo de finales de los 80 se extingue, y con ello, muchos de estos lugares, dando paso a una época donde la cultura se torna paternalista y de contenido pacificador, y donde la ciudad se dispondrá a ser escenario de sendos conciertos internacionales.

La tesis de que la dictadura consiguió instalar en la mentalidad colectiva de la urbe el terror a la noche como un componente esencial e insustituible de la vida de los santiaguinos, nos permite visualizar la existencia de una ciudad altamente segregada no sólo en el terreno social, como lo había sido en el siglo XX. Con la dictadura, se proyectó también en el campo de la exclusión cultural, que permitió a la oligarquía reemplazar el imaginario mental de la nocturnidad democrática capitalina de los fines de semana de los años '60 y '70 por el ideario televisivo del sábado performántico, extendido y circense, que niega la noche como lugar y espacio de recreación colectivo y popular, limitándolo a una programación virtual de películas, series y programas de conversación y cantos espurios, sin trascendencia ni contenido.

A pesar de esto, surgieron lugares, cuerdas, voces y canciones para realizar subverciones culturales que fueron impulsoras del nuevo sonido musical chileno.

"Dictadura musical
nadie puede para de bailar
la música del General"
Pinochet Boys - La Música del General (1985)

(*) Artículo publicado originalmente el 01.10.2010

Bibliografía:

Ponce, David. 'Prueba de Sonido', Ediciones B, Santiago, 2008.
Ramírez, Juan Carlos. 'Santiago Underground'. Diario La Nación, Santiago, 31.12.2006

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La cultura que se volverá basura


Llama la atención que en Chile, desde fines de los 90 a la actualidad, de entre las tres figuras más importantes del rock en términos de masividad y trascendencia -Los Prisioneros, Los Jaivas y Los Tres- sean los primeros los menos tomados en cuenta como influencia musical por la nueva camada de bandas de rock chileno. Un ejemplo: el rock progresivo. Si en algún momento incluye influencias nacionales, esas son Los Jaivas, y los más sofisticados incluyen por ahí otras raigambres folclóricas como Violeta Parra e instrumentos de origen indígena. Otro ejemplo: el rock pop de la última década (Llámese Bunkers y un sinfín de las cuales ni siquiera conozco el nombre) tiene como referencia obligada a Los Tres, y las más "mamonas", siguen la senda de Lucybell. Permítanme uno más: la nueva trova “rock” (Manuel García, Gepe, Chinoy y un largo etcétera), no puede sino tributar permanentemente a Víctor Jara y a la ya mencionada Violeta.

¿Por qué Los Prisioneros no? ¿Por qué si, alineándome con una columna leída en Rockaxis, Los Prisioneros son los creadores de al menos la mitad de los grandes himnos del rock chileno, son la única banda de rock capaz de llenar dos veces el Estadio Nacional, si con un tema de ellos se iniciaron las transmisiones de MTV Latino, si son permanentemente tributados y venerados, si entre sus filas tienen a EL rockstar chileno? ¿Por qué no penetran en las influencias musicales (directas) de las bandas nacionales que les sucedieron?

Fueron piedra angular del rock chileno, una banda con posición política clara en momentos en que era difícil ser masivo y de izquierda a la vez. Eran una banda de composiciones directas y poco sofisticadas (aunque escuchen ese bajo, por favor), un grupo con calle, sin apellido de papá y sin abuso de metáforas. Simplemente una banda de rock de masas. Pero de rock. Y todo eso el rockero chileno lo tiene claro, lo aplaude y lo tributa, pero el asunto es que esa línea musical, la que mezclaba las guitarras rockabillies, teclados y sintetizadores, la que cruza punk y baile (tal como The Clash y otros punkies hicieron en la década de los '80), no tuvo ni ha tenido muchos “delfines” en nuestro país.

Da la impresión que acá prefieren la buena ejecución de los instrumentos, las bonitas armonías vocales, las melodías melosas, los barrocos arreglos con instrumentos folclóricos, la complejidad, rapidez y virtuosismo de las guitarras, las incomprensibles metáforas, el camino difícil y menos directo para decir las cosas. Ese es el estilo chileno y Los Prisioneros están fuera de todo eso, a pesar de que se reconozca a Jorge González como un monstruo de la composición.

Al rockero chileno (al ejecutor y al público), le gusta además el discurso moderado, 'concerta', sin herir muchas susceptibilidades, los cánticos contra el dictador que teniéndolo 500 metros bajo tierra poco y nada de sentido tienen, el verso 'suavecito' y superficial contra la desigualdad, pero siempre cuidando no ser desmesurado, no pasarse de la raya, no irse 'en la volá', no botar los micrófonos… Jorge González es mucha tontera y poca mesura, y a los chilenos nos encanta la mesura.



Uno de los pocos grupos actuales que he escuchado tomar influencias musicales directas del trío sanmiguelino son los Tío Lucho, en su nueva faceta de punk bailable. Imagínense a Los Prisioneros un poquito más cuicos, con discurso “contestatario” sobre la globalización, más elaborados en la ejecución y cambiando de Carlos en la producción (Fonseca por Cabezas), pero manteniendo esa onda rockabilly bailable, entretenida, de melodía fácil. En Lo Que Ahora Brilla Putrefacto Quedará…” (2007), los sintetizadores, el rockabilly y las tornamesas tienen el sello prisionero, recordando frecuente y particularmente a ese tremendo disco llamado La Cultura De La Basura (1987), con temas en onda 'Somos Sólo Ruido' y la misma 'La Cultura De La Basura'. Es cosa de escuchar la fórmula que se repite en composiciones como 'Ni El Martillo De Tor Podrá Salvarlos', 'Inhale' o el single 'Desperdicio (Música Para Bailar)'. 'En Tu Contra' incluso tiene un claro guiño al bajo de ese himno de los '80 llamado 'No Necesitamos Banderas'.



Lo Que Ahora Brilla…” es un disco que toma muchos elementos del grupo de Narea, González y Tapia. Elementos de forma, no de fondo. De sonidos, no de actitud. Pero no seamos injustos, tener la actitud que Los Prisioneros tuvieron en su momento es muy difícil en nuestros días, pero es deber y deuda del rock nacional el hacerle más guiños a nuestro trío rocker por excelencia, el darle las gracias no sólo con tributos, covers, ni reconocimiento verbal, sino con el dejarse permear por sus influencias, el tratar de encarnarlos, de ser su relevo, de aceptarlos explícitamente como padres. En eso, al menos, Tío Lucho cumple.


(*) Artículo publicado originalmente el 24.10.2010 por Felipe Godoy
Columnista +Rock

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Nouvelle Vague, la estética del rock de los '60

Rolling Stones (John Hopkins, 1963) vs. The Beatles (Harry Watmough, 1961)

La imagen iconográfica del rock se sustenta en gran medida en la apariencia estética de sus artistas, es decir, en su vestimenta, sus peinados, en la forma de abordar a sus instrumentos, en su postura durante la interpretación de su música en un concierto. En definitiva: todo lo visual, todo lo que alcanza a proyectar dicha banda como parte de su concepto global que también involucra otras aristas. A dicha imagen, a través del tiempo se le ha atribuido un contenido contestatario, porque a menudo su estética no calza con el repertorio que proyecta el modelo de ciudadano común y estandarizado que habitualmente vemos entre los días lunes y viernes. 

Por la otra vereda, obedientemente el rockero tiene como cualidad intrínseca el celebrar la imagen que proyecta alguna banda; la exacerba y la convierte en un producto de consumo. La fidelidad de décadas que puede alcanzar un seguidor respecto de su banda favorita es una cualidad sobresaliente y única en trascendencia, respecto de la misma relación artista/fan, pero situada en otras vertientes musicales llamadas, paradójicamente, “comerciales”. 

El mercado del rock da para todo tipo de souvenirs y merchandising, desde el rockero orgulloso por su polera negra hasta una colección de discos remasterizados. ¿Qué sentido tiene la polera?, nada muy productivo, sólo exteriorizar una postura diciendo: “a mi me gusta esta banda (y no soy como tú)”. ¿Qué sentido tiene el disco remasterizado?, nada, salvo atesorar un objeto que un oído inexperto jamás podrá poner en valor. Escribiendo esto me pregunto: ¿hay algo más uniforme y predecible que la tropa de asistentes a un concierto de rock? 

En sus inicios, los grandes íconos del rock inglés, precursores del movimiento a nivel planetario, basaron su fama y trascendencia en sendas campañas de publicidad y marketing, preconcebida por sus respectivos managers. Hablo de The Beatles y Rolling Stones. Ambos grupos forjaron su imagen rupturista bajo el alero de la “moda” en la croquera de sus creadores, quienes con audaz visión, plasmaron en estos chicos a punta de peinados, vestimenta y set fotográficos toda la necesidad de cambio luego de la post-guerra que la juventud adormecida requería. 

Acá es donde aparece La Nouvelle Vague, corriente que iluminó las mentes de Brian Epstein y Andrew Loog Oldham -managers de The Beatles y Rolling Stones, respectivamente-, quienes utilizando tópicos de este movimiento cultural, moldearon la imagen que exteriorizaban ambas bandas hacia la opinión pública y sus fanáticos. 

'A Hard Day´s Night' (Richard Lester, 1964) / ’Jules Et Jim' ( François Truffaut, 1962)

La Nouvelle Vague representó un cambio cultural en la concepción de las artes francesas a finales de la década del ‘50, alcanzando más tarde una mayor relevancia fundamentalmente en el cine europeo más que en otras expresiones. Dentro del cine, las temáticas que destacarían estas películas era la presentación de personajes con un estilo de vida desenfrenado (para la época), poniendo relevancia en el personaje “perdedor”, siempre buscando la libertad por sobre el héroe, con un fuerte componente político y reivindicativo, insistiendo en el blanco y negro como colores predominantes en cuanto a la fotografía. Aunque conocido es que "la única regla de la Nueva Ola francesa era que no hay reglas”

Quizás, la mejor muestra de esta corriente sea el largometraje Les 400 Coups (1959), la ópera prima del director parisino François Truffaut. (No me queda muy claro, en lo que he leído, si el título hace referencia a las gran cantidad de transgresiones del protagonista, o por el contrario, a la cantidad de pruebas que la vida le coloca como obstáculos). “Los Cuatrocientos Golpes” es el hito fundacional del movimiento y, en definitiva, la más importante. Su final es memorable, con Antoine Doinel -el niño que protagoniza la película- corriendo hacia la playa en busca de la libertad. Recomendada en absoluto; es atípica, con un drama sicológico desde el punto de vista de la niñez, una ambientación soberbia y una honestidad brutal en la historia (biográfica del director) que se transmite en cada cuadro, en cada escena.

Estética, moda e imagen de Antoine Doinel ('Les 400 Coups', François Truffaut, 1959)

En 1961 Los Beatles tocaban en el The Cavern, un bar de la ciudad de Hamburgo, Alemania (sueño con tomarme un shop de cerveza ahí). En este lugar fue cuando Brian Epstein vio a estos personajes de “malos modales", que utilizaban chaqueta de cuero en el escenario, tocaban rock and roll y tenían un gran carisma y potencia. Finalmente, terminó trabajando con ellos, y no paso mucho tiempo para que los convirtiera en los melenudos que impactaron al mundo a partir de 1962. 

Epstein llegó a la banda y les inyectó dinamismo, y como todo movimiento produjo cambios: reemplazó al baterista original Pete Best por Ringo Starr, los uniformó con trajes a todos por igual; según palabras del mismo John Lennon, Epstein les dijo: 

Miren, si ustedes realmente desean conseguir uno de esos lugares grandes, van a tener que cambiar, dejar de comer en el escenario, dejar de maldecir, dejar de fumar. 

En definitiva, implementó un cambio de imagen al grupo, que en la parte estética, tenia un fuerte raigambre en la ya citada Nouvelle Vague. Es más, el famoso peinado “a lo beatle”, ese que dejó de lado al gel y al mítico peinado hacia atrás del rocanrol -sí, ese mismo que utilizaba ya saben quién-, ya era  un peinado popular que se encontraba plenamente vigente (“a la moda”) en la Francia de aquellos años; y aunque algunos le atribuyen a Astrid Kirchherr -una fotógrafa alemana conocida por sus fotografías del grupo en el ’60- la creación del estilo, la verdad es que ella sólo los invitó a adoptarlo.

The Beatles en Hamburg bajo el lente de Astrid Kirchherr (1961)

Mientras eso pasaba con los de Liverpool, en Londres los Rolling Stones tuvieron en Andrew Loog Oldham a su mentor. Famoso en el medio por sus tácticas de marketing, fue quien acuñó la inmortal frase “¿dejaría usted que su hija saliera con un Rolling Stones?”. Este maestro de la producción artística musical (que recientemente lanzó un libro con sus vivencias, Rolling Stoned) convirtió a los Stones en la antítesis de la imagen santurrona que los Beatles proyectaban. Reconocido cinéfilo y fanático de la Nouvelle Vague, basó en ella toda la conceptualización de las primeras fotografías que los Stones se tomaron entre los años 1962 y 1964 como parte de la campaña publicitaria para hacerlos conocidos a nivel global.

Fotografías publicitarias The Rolling Stones, 1962-1964

Oldham en sus memorias dice: 

Bastante antes de que 1963 cambiara la cara de la música tal como la conocemos, Gran Bretaña ya tenía un motivo pop: la moda. Yo tomé esas libertades establecidas y las apliqué dentro de los límites del seguro mundo de la música, donde resultaban innovadoras.

Las influencias directas del cine de la Nouvelle Vague en la estética de los dos pilares de la música inglesa de la década del ’60 viene a reafirmar la teoría que, junto a una concepción musical potente, el rock repercute en las masas adolecentes con una propuesta estética distinta, que pretende ser trasgresora en comparación a lo ordinario de la moda cotidiana (ya aceptada y adoptada). 

Esta idea “casualmente” coincide con la visión de mundo de un adolecente en busca de medios de expresión para retratar su descontento habitual, es más, el rockanrol norteamericano tiene su génesis en una serie de expresiones rupturistas para la época: en los peinados, en la forma de bailar, en la vestimenta, en las letras contra la autoridad paternal conservadora; todas expresiones que analizadas con lupa, no son más que una serie de manifestaciones triviales muy bien explotadas por los mercaderes de la música. Oldham y Epstein, afortunadamente, captaron esta idea, y junto con ellos, muchos otros siguieron ensalzando la música rock con un componente estético fundamental, para que éste se convierta finalmente en arte.

(*) Artículo publicado originalmente el 17.10.2011.

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¿De que habla el rock en el 2012?


De música y letras está hecho el rock. Queremos comenzar un ejercicio. Queremos, a partir de este articulo, comenzar a descubrir el espíritu que mueve al rock en estos días; comprobar si existe un común denominador en las letras de aquellos discos que encabezan los rankings. Revisar de qué nos hablan aquellas melodías que acompañan nuestros días. Para esto, nos ayudamos tanto de nuestra lista elaborada por la comunidad +ROCK, como de aquellos que se realizan en paginas internacionales y chilenas cada fin de año.

No es un ejercicio que busque forzar una relación social o política. Sabemos que los estandartes de aquellas letras (como Rage Against The Machine, System Of A Down, Nine Inch Nails, etc.) están en un receso indefinido y pocos son los que aún mantienen las banderas en alto. El rock de hoy nos habla y nos muestra historias variadas, y son aquellas las que queremos descubrir, interpretar y conocer.


Puedes escuchar las canciones mientras las revisamos hacia abajo, poniendo play en el reproductor, y si quieres revisar el detalle de las letras, debes hacer click en las imágenes para agrandarlas.

Partamos por una de las revelaciones de este decenio, Tame Impala y su rock sicodelico en las letras que forman parte de su disco Lonerism, en 'Elephant' (Kevin Parker/Jay Watson) nos cuentan la historia de un ser arrogante y altanero (un gran empresario o banquero), observado desde una lejanía propia de quien mira a un espécimen en un zoológico, alguien tan extraño y lejano al observador que es representado metafóricamente como un paquidermo.

"Apuesto que se siente como un elefante / Agitando su gran tronco gris sólo por el placer de hacerlo / Tu sabes que es un sueño que pienses que el puede amarte / Lástima que tus posibilidades son escasas"


Otra de las revelaciones son los norteamericanos Baroness, que en 'Little Things' (John Dyer Baizley) nos hablan también acerca de la mentira que puede llevar al termino de una relación, ya sea ésta de amistad o de pareja, y como en un tris aquel amor se transforma en el más profundo de los odios y resentimientos. Una banda que vio truncado su éxito discográfico con el grave accidente que protagonizaron durante su gira europea allá por agosto:
"Tu gritas antes de cantar / Y haces tanto ruido / Tu mentiste acerca de todo / tu, sigilosa pequeña cosa"


Unos 'viejos' conocidos son los ingleses Muse, y el primer single de su disco 2012 The 2nd Law, "Madness" (Matthew Bellamy), cuentan una historia de desamor, de fallidos intentos por dejar todo atrás y una tardía comprensión sobre las necesidades de la pareja, lo que lleva a una petición de regreso en una relación en que ambos saben está marcada por la locura, y fue aquello lo que cegó y no permitió entender que todo lo que necesitaba el otro era amor, como decían los Beatles.

"Y ahora por fin he visto el final / Y no espero que te importe / Pero por fin he visto la luz / Finalmente he dado cuenta / Tengo que amar / Tengo que amar"


El primer single del nuevo disco de Deftones fue 'Leathers' (Chino Moreno). Un reto, una motivación a ser honestos, a mostrarnos tal como somos, a sacar todo de adentro, no tener miedo, aguantar el chaparrón y enfrentar nuestros miedos. Enfrentar y derrotar a nuestro enemigo interior para que el mundo nos vea en plenitud, liberarnos, dejar todo a la vista, como una piel, como el cuero de un animal.

"Bota tu carcaza, muestra tus líneas y formas / Vistete con tus entrañas / Por fuera / Muestra a tu enemigo / Tal como eres / desde el interior"



'Sixteen Saltines' (Jack White) fue la carta de presentación del primer disco solista del prolífico Jack White, que nos cuenta una historia de obsesión adolescente en que el título de la canción hace referencia a unas galletas saladas, que al ser consumidas en exceso todo lo que producen es dejarnos secos, con sed y sin nuestra hambre saciada, como puede ser pensar todo el día en alguien inalcanzable de la que conocemos muchos detalles de su vida sin llegar a conectarnos con ella realmente.
"Ella tiene pegatinas en su casillero / Y el número del chico está ahí en destacador / Tengo hambre y el hambre no se va / Yo como dieciséis galletas saladas  y entonces me chupo los dedos"

Slash y sus conspiradores, en 'You're A Lie' (Saul Hudson/Miles Kennedy) nos hablan de desamor, de desengaño y mentira, una canción de alguien herido y humillado por tanto tiempo hasta que dice "no más, te puedes ir", una despedida con rabia y sin vuelta atrás en una de las grandes canciones del año que nos dejó, que sin embargo, al no referirse directamente a una persona (el o ella) deja abierta la interpretación a que sea dirigida a alguna droga y el 'you' se refiera a las voces interiores que no dejaban abandonarla por más que lo tratase.

"Tu me desangraste / me derribaste / Tu tiempo se ha ido / Te puedes ir / Porque eres una mentira  / toda mi fe se ha perdido / Porque eres una mentira / No necesito que me salves nunca más"


Por último, dejamos a Soundgarden y su regreso, donde toman la pluma para en 'Been Away Too Long' (Chris Cornell/Ben Shepherd) darnos un título casi de redención, de confesión personal y grupal con la banda, diciéndonos que estuvieron lejos por demasiado tiempo y este regreso les hace bien. La letra va jugando con esta doble intención de contar una historia, a la vez de darle un sentido a su regreso como banda. Un relato caprichoso, de destino, arrepentimiento por alejarse y al mismo tiempo de confesión de nunca realmente haber querido estar donde estaban.

"No se sabe dónde está el borde del cuchillo / Y nadie sabe donde esta la vida inteligente / Nadie me conoce / Nadie me salva / Nadie me ama o me odia / Pero es el destino / Yo sólo quería un descanso / He estado lejos por mucho tiempo"

Son historias de corte personal, de relaciones humanas y del motor de todo ser humano como es el amor, aún cuando no hay canciones de amor y abundan las de desamor y mentira, que en su conjunto van formando el panorama de las líricas que acompañan a los acordes de los mejores discos de 2012. Una muestra de como ven el mundo aquellos compositores, donde a veces podemos sentirnos interpretados o bien compartir la visión que nos entregan y así convertirse en nuestras favoritas y ser más que unos buenos acordes.

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Los discos que pintaron el espíritu del 2012



Como bien mencionamos en nuestra editorial, la lista que les presentaremos intenta mostrar los discos que pintaron -sin descaro- el espíritu del dos mil doce.

Si algo se puede decir con certeza del año recién pasado, es que fue como una paleta de colores con una gama de tonalidades muy amplia para elegir, y bien resplandecientes cada una. Fue un gran año, emocionante, dinámico y difícil para tod@s los que nos gusta sacar cuentas al final, y que veíamos que nuestras lista de reproducción se llenaban de canciones enormes, cosa que como amantes de la música agradecemos.

Sin más preámbulos, sin orden ni afán canónico, sin arrogancia ni la falsa promesa impositiva de estar mostrando "lo mejor" del  2012 que ya se esfumó, los dejamos con nuestros discos destacados y recomendados. Disfrútenlos como nosotros:

Blues Funeral [Mark Lanegan Band]

Felipe Godoy. Columnista +R: Es un derroche de creatividad, una clase magistral de cómo hacer un disco diverso pero sin salirse en ningún momento del libreto del “funeral”, lúgubre en todo segundo. Tuvieron que pasar 8 años para que Lanegan volviera a hacer el disco del año, para que reuniera en un mismo disco (¡y en una misma canción!) sonidos del stoner, de una electrónica fúnebre y bailable a la vez, del góspel y de un rock que sólo habíamos escuchado antes en Bubblegum.

Patricio Avendaño. Director Nación Rock: Se esperaba que fuera interesante el regreso como solista de este gran ícono del rock, que si bien tuvo su cuna en los 90's con su frondosa cabellera en el período junto a Screaming Trees, a lo largo de los años se ha convertido en un gran músico y compositor, múltiple colaborador que ha aderezado discos que muchos amamos como los de QOTSA, entre otros. En este disco vuelve a deslumbrar con uno de sus grandes dotes como lo es su voz y en el plano musical experimenta en direcciones hasta impensadas, escuchándole cosas new wave, pop, acid rock y demases. Una joya de disco.


Lonerism [Tame Impala]

Michael Marín. Columnista Nostalgic.cl: Esta banda australiana en un corto tiempo ha logrado consolidarse como uno de los mejores nuevos exponentes del rock psicodélico, y no creo estar exagerando. Prueba de ello -y después de su exitoso primer trabajo- es el disco Lonerism, que está dentro de las grandes producciones del año. Un disco lleno de matices como también de potencia, lentitud, agresividad y sonidos básicos, todo mezclado con un entorno vocal máximo, que lo llevan a lo más alto de la expresión musical.

Patricio Avendaño: Tame Impala simplemente me desplomó con este disco. Lleno de colores, burbujeante, efervescente. Una banda que demuestra cuán grande puede ser moviéndose en sus terrenos favoritos como el pop ácido y psicodélico si se lo propone, con respecto a su excelente debut Innerspeaker toma distancia, lo cual es mayor mérito. Quizá no sea lo mejor en estricto rigor del 2012 a planos generales, pero claramente es un disco clave en lo que puede opacar la premisa generalizada de que "el rock está muerto". Bandas como ésta claramente te hacen ver que el futuro del rock (un término que cada vez se está haciendo más ambiguo, puede converger con el pop perfectamente a favor de un resultado musical innovador o revolucionario si se quiere).


Rhythm And Repose [Glen Hansard]

Felipe Godoy: A punta de una voz extraordinaria y composiciones que conocen muy bien el manual del clímax emotivo y la canción cebolla, se gana un lugar entre los fundamentales del año. Desde la vereda del folk rock, “el colorado” no se anda con ese sonido medio insípido y etéreo en el que caen con frecuencia los autores de folk e indie en la actualidad, y apuesta una y otra vez a melodías que realmente dejan un nudo en la garganta. ‘Bird Of Sorrow’ y ‘Maybe Not Tonight’ son sólo una muestra de eso. Una excelente colección de canciones que sólo baja un poco su nivel hacia la segunda mitad del disco.

César Tudela. Editor +R: Emotivo hasta decir basta. Las composiciones de este músico/actor irlandés son de una factura exquisita, que muestra esa fusión connatural de una voz armoniosa y los arpegios de guitarra, marca registrada desde que golpeó fuerte a la industria con el hermoso soundtrack de la película Once. A pesar de estar acompañado de banda soporte, el espíritu unplugged se siente durante las 11 canciones del disco, donde tampoco tiene miedo a incorporar más elementos sonoros y otros ritmos, como en ‘Talking With The Wolves’. Un disco que no debería pasar desapercibido.


Koi No Yokan [Deftones]

Miguel Ángel Pérez. Director +R: Aún no encuentro palabras para describirlo, sólo recuerdo los comentarios previos donde, al igual que Soundgarden, decían el cliché que sería un disco más rockero y pesado. La diferencia con los de Seattle es que estos cumplieron y logran un disco igual o mejor que el anterior, Diamond Eyes. Insuperables. Chino Moreno en cada disco pareciera que inventa tonos.

César Tudela: Los discos de los de Sacramento son como una buena botella de vino: hay que esperar que envejezcan para apreciar su mejor color, textura y sabor. Ya ha pasado antes: White Pony responde con una vigencia envidiable al escucharlo 10 años después. Este disco, en su esencia, puede que cueste y que suene a "más de lo mismo", pero al escucharlo más detenidamente, es innegable que su propuesta es actual, que su sonido es maduro y que la banda no tiene prejuicios para ir incluyendo elementos de las músicas actuales dentro de su brutal estilo. Probablemente, cuando envejezca, este álbum dará más que hablar.


The 2nd Law [Muse]

Felipe Godoy: Nunca entendí muy bien esa afirmación de la prensa de que Muse se había convertido, más o menos desde el lanzamiento de Black Holes And Revelations, en 2006, en la gran banda de estadios del momento. Hasta ahora. The 2nd Law, lleno de pop y propuesta a la vez, sino fuera por un par de canciones que rellenan en la segunda mitad del disco, estaría entre los grandes del año. ‘Panic Station’ y ‘Madness’ son irresistibles a la oreja.

Miguel Ángel Pérez: Se la creen, y este "revival" de los grandes Queen no les queda grande, conscientes de lo que pueden hacer, lo magnifican sin sonar pretenciosos. Y Bellamy canta magistralmente en momentos.


Shields [Grizzly Bear]

Verónica Bastidas. Colaboradora +R: Tremendo disco, mezcla de jazz, rock, avant-gard, art-rock y todas esas cosas, pero aun así con algo de pop que lo hace amable y "escuchable". Además, los arreglos musicales y orquestación le dan una finura difícil de encontrar estos días. Lindo, lindo disco. Si hay una banda actual que no aleje de la parafernalia y volador de luces de The Black Keys, esa debería ser Grizzly Bear con este disco.

Karina Guadalupe. Colaboradora +R: Como cuarto álbum de la banda, vienen a coronar todo el trabajo realizado, sobre todo después de Veckatimest (2009). Lo variado y complejo de lo instrumental da comienzo al viaje de este disco. Partiendo así, eran dos tesis muy contrastantes: el disco era muy malo y tiraron el temón al comienzo, o teníamos a uno de los mejores del año. Yo opto por la segunda. Ojalá podamos verlos en vivo, ganas tienen de venir, pero ya sabemos que Lollapalooza no se animó a traerlos.


King Animal [Soundgarden]

Francisco Meneses. Colaborador +R: Después de 15 años las expectativas eran altas, y Soundgarden no defraudó. Con esas guitarras marca de fabrica de la banda y la voz de Cornell más madura, pero no menos potente, nos dicen que están acá para quedarse. Sus raíces están intactas, pero su sonido tiene algo nuevo que encanta.

Marcelo Oliva. Colaborador +R: Los de Seattle le sacaron brillo a baquetas, cuerdas metálicas y vocales, y se mandaron un discazo que debe ser de los mejores regresos. La propuesta no va por la nostalgia, sino por actualizar un sonido pulcro y refinado en el rock americano. Una gran vuelta de unos que cuando se juntan, la rompen.


Paulina Castillo. Colaboradora +R: Sin duda, es mi número #1. Vuelve a los orígenes, con todo el misticismo que sólo su virtuosismo puede entregar. En lo personal, me cautivo desde el diseño, hasta el tiempo de los temas. Como diría alguien: "todo calza".

Marcelo Oliva: Los padres (y ya abuelos) del prog canadiense no dan cuenta de su edad. Logran llevar su música a una suerte de madurez atemporal con el álbum lanzado a mediados de año. Riffs potentes y afilados, de la marca registrada Rush-Raskulinecz, crean un ambiente sonoro sólido, que sabe moverse entre los power chords y arpegios más calmados para deleitar la oreja progresiva. Peart, como siempre, luce lo mejor de sus beats vigorosos y líricas épicas. Un gran álbum.


Head Down [Rival Sons]

Felipe Godoy: Puede no ser el disco más original del año ni el que redefina los destinos del rock, pero lo cierto es que a este disco le sobra alma y sangre. Lo mejor de la abundante cosecha 2012 del blues rock.

César Tudela: Entre tanta experimentación, psicodelia y low-fi, desde California llega este disco que es rocanrol al hueso. Ondero, dinámico y sin mayores pretensiones que brindar buenas canciones para cabecear, cantar, y representar de muy buena manera, a mi juicio, a una generación que está creciendo con el blues rock y el garage. Futuro prometedor para Rival Sons, destinados a ser “la nueva vedette del rocanrol”, como dijo un amigo por ahí.


Heaven [The Walkmen]

Michael Marín: Es simplemente un disco muy bien hecho, con eso digo todo. Canciones bien pulidas en su producción, con sonidos y ritmos más apegados al rock, con a ratos con pasajes de folk, hacen que su trabajo sea parte de esta selección. La voz de Hamilton Leithauser es de una solidez con pocos precedentes. Así lo dejó claro en sus dos presentaciones con The Walkmen en Chile en noviembre pasado.

Juan Acevedo: La revelación hipster del año. Rock sin pretensiones pero fiel exponente del college rock. Se consolidan con este disco.


Blunderbuss [Jack White]

Marcelo Oliva: Qué más decir de este tipo, y de este álbum. Un músico que en su inquietud musical no sólo cambia seis cuerdas por dos baquetas a su antojo, sino que se pone a armar proyectos paralelos como quien se cambia calzoncillos. Si alguien ha resignificado los conceptos de "músico inquieto" y "sonido con marca registrada", es este oriundo de Detroit. Con este disco da por fin rienda suelta a su creatividad, que nunca se desentiende de las rutas del folk y blues enraizado en la música popular americana. Un disco que tiene mucho más que decir con cada nueva oída. De lo bueno del agónico 2012.


Allelujah! Don't Bend! Ascend! [Godspeed You! Black Emperor]

Verónica Bastidas: Me gusta la densidad de la propuesta, hay que escuchar los discos anteriores para entender mejor. Es un disco con 4 canciones: dos de 20 minutos y dos de 6 minutos. Atmosférico y obviamente experimental, difícil de oír; hay que entrar en otra dimensión musical de vez en cuando. Si quiere un día de oscuridad, acompáñelo con este disco. Esta banda debería ser la banda oficial de +R, porque es un colectivo artístico anti establishment o contracultural, están en contra de la política internacional de América el Norte. También están en contra de cómo se comercializa la música actualmente; no hacen giras de promoción para vender su producto, no hacen conciertos multitudinarios llamando a protestar contra el régimen, pero recibiendo millones de dólares a cambio, como varios otros.

Yellow & Green [Baroness]

Felipe Godoy: Que una banda con camino forjado en el rock progresivo más duro, haga convivir en un mismo disco un ganchero stoner como 'Take My Bones Away', con un tema con un groove casi bailable como 'Little Things', más un desfile de otras más difíciles de clasificar como 'MTNS' y 'Cocainium' (de las mejores del disco), da razones de sobra para escuchar sin interrupciones los 75 minutos de esta obra doble con que Baroness pilló de sorpresa a todo el mundo. Su nefasto accidente lo echó todo a perder, y tendremos que esperar un rato para terminar de darnos cuenta de que Baroness son los que vienen a tomar el cetro de ese estilo aún en definición que se bate entre el hard rock progresivo y el rock alternativo que privilegia siempre el riesgo.

Celebration Rock [Japandroids]

Michael Marín: Japandroids me sorprendió mucho con su segundo disco, pues la tarea era titánica para Celebration Rock, debía superar al gigante Post-Nothing. Pero más que entrar en esas siempre opinables comparaciones, quiero destacar que este nuevo disco tiene canciones que solo se pueden calificar como potencia al máximo, una fuerza que, sin perder nunca las melodías clásicas del rock, hace a cualquiera cerrar los ojos y empezar a mover la cabeza.


Tempest [Bob Dylan]

Patricio Avendaño: Mi viejo y querido Bob Dylan (al cual le había perdido la fe últimamente) realmente me sorprendió con un disco enorme, donde hace gala de todo su talento como compositor, canciones épicas, que apelan a la nostalgia y donde para más remate aparecen sendos guiños y referencias a The Beatles, la época sesentera, fábulas y sitios e historias recreadas con su magnífica lírica. Musicalmente moviéndose por los senderos del jazz, blues, folk, etc. Es un disco muy variopinto además. No le escuchaba algo tan interesante desde el Modern Times. El maestro está de vuelta.


Banga [Patti Smith]

Karina Guadalupe: Banga nos muestra a una Patti súper adulta. Bueno, los años han pasado y toda su magia rockera, sus baladitas, sus protestas se están acercando a algo más folk, a algo mucho más piola. Me cuesta ser crítica con Patti, es un disco que esperaba mucho, y si bien hay partes que creo que sobran, como ‘Seneca’ o el cover a Neil Young de ‘After The Gold Rush’. Pero es la madre, y a la madre siempre se le perdona todo. O como dice Neil en esa misma canción: "look at Mother Nature on the run in the 21st century".


Noctourniquet [The Mars Volta]

Miguel Ángel Pérez: Un disco que al principio me pareció algo suave, pero que con el paso del tiempo, de las canciones, va creciendo y mostrando que el formato un poco más cercano a la 'canción tradicional' les sienta bien (ya habían tenido su primera aproximación en Octahedron) y logran armar un disco muy sólido.






Valtari [Sigur Rós]

Francisco Meneses: Lo mejor del post rock, si es que cabe en ese encasillamiento. Atmósferas, melancolía y una búsqueda sonora que solo los islandeses nos pueden entregar.

Juan Acevedo: Música inclasificable y sensorial, acorde a sus discos anteriores.



Blak & Blu [Gary Clark Jr.]

César Tudela: Qué debut es el que se mandó Gary. Este oriundo de Texas se pasea sin temor por estilos que a veces no pareciesen estar hermanados, como el R&B y el hard rock, el soul y el garage. Matices para nada azarosos, y que fluyeron de forma natural en un inquieto músico joven que no tiene miedo de mostrar sus influencias, como la herencia de Jimi Hendrix en las guitarras y la actitud sensual y prepotente de Jay-Z en las voces. La fórmula que Kravitz lleva años tratando de encontrar pero que este otro afroamericano logró encontrar de manera casi perfecta.



Así podríamos seguir un buen rato recomendado los álbumes que le pusieron ritmo al 2012. La oferta de discos regalones de cada uno de los que ayudaron a armar esta lista (a los que desde ya agradecemos mucho) siempre iba acompañada de algún bonus track u otro mensaje trayendo a colación a algún artista que se había escapado. A modo de tratar de no dejar a ninguno de esos discos afuera, acá las portadas de esos otros álbumes que también nos acompañaron fielmente.