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Rock, identidad y espacio público

1965 es el año en donde nació el rock como el elemento identitario innegable de la juventud del siglo XX. EL rock ‘n roll ya había hecho su tarea de empoderar a los jóvenes desde la habitación. Ahora es tiempo de conquistar el espacio público

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CInco versus la ciudad

Este ensayo es una reflexión sobre las imágenes antiurbanas presentes en las letras de las canciones de Pearl Jam, planteando algunas interpretaciones sobre las letras escogidas y los registros culturales de una época particularmente interesante en la historia de EE.UU.

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Las disquerías sobrevivientes de Stgo. Centro

Casi como un servicio de utilidad pública, ponemos a disposición de nuestros lectores un segundo mapa para saber dónde comprar discos. Recorrimos Santiago Centro para mostrarles estos pequeños "oasis" para los amantes del formato físico.

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Pintura callejera: intervención urbana rock

Johnny Cash, John Lennon, The Ramones y Joe Strummer retratados en los muros de la ciudad
“La historia se escribe en la calle
con gente de verdad”

Weichafe – El Rock Del Poncho

La frase del desaparecido grupo de rock chileno Weichafe evoca al carácter popular, callejero y más romántico del rock. Inspira esa cerveza en la cuneta, a la junta en la sala de ensayo, al guitarreo' en la playa, a la tocata en la plaza y, porqué no, a la de ese clásico rayado en la muralla, realizado con una lata de espray, haciendo alusión de que el punk no ha muerto. Ese mensaje tan habitual que se puede encontrar en la urbe, específicamente en las paredes -el gran soporte de las manifestaciones artísticas populares- da fe a la premisa descrita por el power trío, y que lleva años expresándose, retratando un hecho estético total y que atiende a lo contestatario. Un tipo de manifestación que se mantiene al margen del sistema, alejado del "doble click", que trae el mensaje subversivo y traspasa a todas las redes sociales del ciberespacio a las cuales estamos enviciados, y que es más cercano "al guerrilla radio que al ok computer".1

Este lenguaje se propuso un dialogo con la calle y la ciudad, en el espacio público, donde la ciudadanía se manifiesta (muchas veces y con más fuerza) sobre la crisis de la sociedad. Un fenómeno urbano, comunicacional y artístico. Una jerga que se escribe con rayas, con jeroglíficos o simplemente con una imagen y detrás de la cual habla un misterioso personaje. Así, se puede afirmar que detrás de los rayados, los graffitis, los stencil -el street-art en gloria y majestad- hay una cierta libertad de expresión en forma pura, porque es ahí donde se mezcla la clandestinidad, la rebelión, con los movimientos hábiles, los lenguajes sugestivos y demoniacos, que van dejando el rastro de una o más personas que quieren dejar parte de sus gustos, pasiones y/o reclamos.

Los encapuchados de Liverpool: The Beatles retratados por el artista Mr. Brainwash
Mural realizado en el Barrio Holborn, Londres.

Nuestra ciudad se convierte, de esta manera, en un gran lienzo pintado por un montón de enmascarados con distintas opiniones e intereses. Cada uno proyectando su propia idea, generando una especie de collage, muy lejos del carácter militante del muralismo político y del ególatra graffiti norteamericano. Para que entendamos el mismo lenguaje, definiremos ciudad como un lugar de encuentro e intercambio de cultura2, y pintura callejera, como un tipo -simultáneamente banal, anónimo, popular y masivo- de pintura realizada en las murallas públicas3. De este modo, cuando hay cosas que decir, esas manifestaciones se pueden expresar a través de un gesto visual, y qué mejor que ocupar la propia infraestructura urbana como medio de comunicación social y colectivo.

La pintura callejera forma parte del adn de las subculturas relativamente jóvenes, caracterizada por ser, en líneas generales, efímera y no institucional (aunque en la actualidad muchas marcas comerciales ya han visto en el stencil un importante vehículo para el campo publicitario4). Algunos sociólogos hablan de la ‘moratoria vital’5, que es un período de tiempo en la vida de las personas que las liga a partir de códigos diferenciales generacionales, donde se marca un claro consumo cultural, ligado activamente a los medios de comunicación, específicamente la música.

La clásica animación gráfica de The Wall (Pink Floyd) pintada sobre el Muro de Berlin

La relación que se establece entre la música y lo joven pasa en una medida, no insignificante, por el rock y sus variados géneros (heavy metal, punk, grunge, brit, etc.), para grandes sectores de jóvenes urbanos de clases medias y altas, pero también, para algunos jóvenes de sectores populares que se diferencian así de sus pares.
"Somos las flores de los tachos de basura” decían los Sex Pistols. Esta frase puede ser encontrada en las cercanías del Barrio Azopardo, un barrio estigmatizado por ser uno de los más peligrosos, en San Salvador de Jujuy, y también se lo puede encontrar en las paredes de las calles del Barrio Ciudad de Nieva, uno de los barrios más pudientes.6
Este texto, que ejemplifica la transversalidad de un rayado en la norteña provincia argentina de Jujuy, nos muestra la apropiación del rock desde distintos contextos y subculturas jóvenes, y que, por ejemplo en Santiago, se puede ver graficada con la conocida consigna "Punk Not Dead", que se puede encontrar y leer tanto en murallas de Providencia y Las Condes (comunas del barrio alto) como de Estación Central y Recoleta (barrios céntricos) o Puente Alto y Maipú (zonas periféricas de la capital).

Esta relación entre graffitis y rock, que si bien es cierto tiene una reducida actividad en la actualidad, marca definitivamente una comunicación urbana que desplaza a la comunicación de masas, para transformarse en un mensaje polifónico y subjetivo, pero con una fuerte carga social.

El carácter marginal, periférico y contrainstitucional de los grafitis está ligado históricamente a sus orígenes (en términos de su masificación) a la cultura hip-hop7, desde finales de los setenta y muy fuerte ya en los años ochenta y noventa. Sin embargo, de los inentendibles rayados neoyorquinos, aparece en Francia el artista Blek Le Rat para intervenir las calles parisinas en la década del ‘80, con imágenes a escala humana y de figuras populares, ocupando los conceptos utilizados por Andy Warhol en los años ’50-’60; y siendo mentor de artistas como el reconocido Banksy. Estas técnicas, más el avance tecnológico -pasar de los brochazos al envase en aerosol- darían un vuelco a la utilización de esta expresión callejera.

Antes de este contexto histórico, en Inglaterra aparece la relación entre el rock y la pintura callejera, como un subgénero secundario si se quiere: en 1967, un rayado irrumpe en una estación del metro subterráneo de Islington, Londres. El texto que se podía leer era: "Clapton Is God"8, y fue pintado por un admirador, que luego de ver una presentación de la banda The Yardbirds, decidió manifestar su opinión e "inmortalizarla" con un rayado urbano. Luego, la consigna se volvería tan popular que comenzó a replicarse en varias murallas de la capital británica.

Ya en los ’70, el movimiento punk encontraría en el grafiti y en el stencil un soporte perfecto para su actividad callejera, y así, levantar iconos y figuras subversivas, como también mensajes contrahegemónicos. Más adelante, y en menor medida, la cultura indie también adoptaría la técnica para la difusión de esta tendencia.

Estas huellas que se van escribiendo sobre la piel de la ciudad van quedando descubiertas en los horarios más inciertos, donde la ley fiscalizadora y normalizadora deja de mirar a las paredes como lugares privados y éstas mismas pasan a ser lugares públicamente sensibles, por poner un ejemplo, ya que hoy por hoy la pintura callejera es parte de nuestra cotidianidad.

En Chile, las manifestaciones del grafiti rockero se concibieron a mediados de los ‘80, cuando el nuevo movimiento musical, ya menos reprimido y censurado por la dictadura, comenzaba a generar fuerza y resistencia desde las periferias de la ciudad. Esta trinchera tenía como generalísimos a unos incendiarios sanmiguelinos: Los Prisioneros, y detrás de ellos, toda una generación de músicos que empezaron, de a poco, a manifestar el descontento y denunciar la brutalidad y horror del gobierno de Pinochet. Los Prisioneros pregonaban: “de las entrañas de nuestras ciudades surge la piel que vestirá al mundo”9. Y tenían razón. Lentamente se comienza a formar una especie de escuela clandestina que aspira a ser la canción protesta del proceso histórico que se estaba gestando y la banda sonora del período que se avecina.

Mural de Los Prisionero en el Museo de Arte Callejero, San Miguel
Realizado por Nodo Arte Público y Mono González

Por otra parte, el rock "de afuera" empezará a penetrar con todo y a todo el país desde los ’90. Se escuchará masivamente mucho rock anglo, que dejará sus huellas de manera indeleble en nuestra cultura. El espíritu contestatario y trasgresor que caracterizó al desarrollo del rock iniciada la democracia, su carácter popular, la notable influencia sobre el público juvenil, el origen callejero de algunas bandas y, en oposición a ello, la concentración de las compañías discográficas, su monopolio de la promoción y cadena de distribución; se combinaron para hacer del rayado callejero el medio más idóneo para publicitar tanto a los grupos de rock en formación, como a los nuevos ídolos foráneos. De esta forma, las paredes de la ciudad se transformaron en espacios de prensa libre, en dibujos donde se describen, muestran y simbolizan a nuestras bandas favoritas: Fiskales Ad-Hok, La Renga, Rolling Stones, La Rabona Funk, Víctor Jara, Ramones, Nirvana, John Lennon… todo vale para hacer (re)conocer que hay seguidores del rock.

“Bello barrio con b larga y a corta, en que el proyecto cultural
no ha sido culeado, ni tampoco nos borraron los murales
que anuncian la venida del afamado grupo chicano de rock Los Lobos”

Mauricio Redolés – Bello Barrio

Mural de Víctor Jara con extracto del himno a las BRP

La pintura callejera, como manifestación gráfica del rock, es justamente la clara muestra de las prácticas de la subcultura y una excelente aplicación popular de la máxima del teórico de la comunicación de los ’70 Marshall McLuhan: "el medio es el mensaje"10. Por un lado, marcan las diferencias entre grupos y estilos, y por otro, hay que leer estas intervenciones urbanas como marcas de resistencia al poder hegemónico. Estos símbolos no reconocen en forma directa las filiaciones políticas (aunque se reconoce el histórico carácter político del muralismo chileno) porque se trata de una práctica que, si bien logra saltar el cerco de la indiferencia urbana, por lo general, tiende a ocupar el espacio de la incomodidad, y sin duda, ejerce un grado de violencia contra la propiedad privada y no es improbable que algunos se sientan violentados en caso de que sea su propiedad, y entramos a otra discusión, si esto es arte o vandalismo. Si bien es cierto hay mucha obscenidad y mal gusto en las paredes en varios casos, por otro lado, hay gente atinada que los hace, quizás, porque no tiene otros medios para poder intentar hacer algo bueno por el mundo tan desastroso como está. Y el rock se transforma en esa fuerza que mezcla estética, arte y mensaje contestatario.

Entonces, si no hay plata para publicar revistas, si no hay forma de entrar a las pantallas, si no pasa nada y sigue ese eterno blanqueo que es más bien un gris corrupto cómplice del silencio, si no hay cómo, entonces el plan se reduce al uso de una lata de espray para rayar las murallas de la ciudad.

Interpretación de 'De La Cama Al Living' y portada de Clics Modernos de Charly García.
Mural de Mc Pyo en  Barrio San Nicolás, Buenos Aires


“Me voy corriendo a ver qué escriben
en la pared la tribu de mi calle”

Patricio Rey & Los Redonditos De Ricota - Vencedores Vencidos


(*) Artículo publicado originalmente el 15.09.2010


1 Se hace alusión a la canción de Rage Against The Machine y al disco de Radiohead, respectivamente, conceptualizando los términos de acción insurgente y orden establecido.↩
2 Jordi Borja, "Ciudadanía y espacio público". Revista Ambiente y Desarrollo, 1998↩
3 Patricio Rodríguez-Plaza, "Estética, política y vida cotidiana: El caso de la pintura callejera chilena". Revista Bifurcaciones, 2005.↩
4 Edwin Campos, Santiago Stencil. 2006↩
5 Mario Margullis, La juventud es más que una palabra, 2008↩
6 Edgardo Gutiérrez, Sobre los graffitis y las intervenciones urbanas del rock, 2006.↩
7 Ocupando las técnicas del tag, throw-up y piece que se dieron a conocer en la época ’71 al ’75, principalmente en los barrios marginales de EE.UU.↩
8 La frase hace referencia al excelso guitarrista Eric Clapton.↩
9 Frase de la canción 'La Voz De Los 80' (1984)↩
10 Marshall McLuhan & Quentin Fiore. El medio es el mensaje: un inventario de efectos. 1967↩

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Sábado en la noche: rock en dictadura


No es difícil tratar de imaginar lo complicado que fue ser músico en plena época de la dictadura chilena (1973-1990). Sin profundizar mucho: como ejemplo para los que osaran a rebelarse, a 4 días iniciado el golpe militar acribillaron a Víctor Jara; nuestros rockeros por excelencia, Los Jaivas, se autoexiliaron en Argentina por temor a retornar al país; la DICAP fue desmantelada y destruida. Así, muchos músicos vieron reprimidas sus carreras bajo un implacable plan de extinguir todo vestigio de cultura. Tras toda esa vorágine de violencia y prohibiciones, se produjeron profundas transformaciones en la vida nocturna de Santiago, el horario estelar para disfrutar de un buen espectáculo.

De las épocas míticas de las peñas folclóricas y de los malones nocturnos capitalino se pasó a una era de menor intensidad y frecuencia de tales prácticas. Todo ello ocurrió en un marco permanente de vigilancia y represión de los lugares y personas que intentaron dar otro talante al período. La apertura y cierre de locales, así como su continuidad como lugares de vida nocturna tuvieron una especial significación durante los años ochenta como rechazo a la dictadura militar.

"Santiago no has querido ser el cerro, y tú nunca has conocido el mar 
¿Cómo estarán ahora tus calles, si te robaron tus noches? 
En mi ciudad murió un día, el sol de primavera a mi ventana me fueron a avisar. 
Anda, toma tu guitarra, tu voz será de todos los que un día tuvieron algo que contar"
Santiago Del Nuevo Extremo – A Mi Ciudad (1981)

El Golpe Militar puso fin a la efervescencia cultural que había en la época de la Unidad Popular, y se estableció, en lo político, un sistema autoritario represivo basado en la doctrina de la seguridad nacional que produjo la detención, muerte, desaparición y exilio de muchos ciudadanos, algunos de ellos poetas, músicos, actores, etc. En este período, también, se asientan las bases de la institucionalidad neo-conservadora y neo-liberalista en nuestro país, las cuales han tenido una explicación pobre e invisibilizada en el terreno socio-cultural para intentar explicar en forma íntima los procesos de cambio vividos por la sociedad en general tras las políticas de ajustes dictatoriales o "políticas de shock", como lo plantea la connotada periodista Naomi Klein.

A partir de un declarado rechazo a las manifestaciones que representaban una amenaza al patrimonio e "identidad nacional", en el que la cultura corporizó una arista visible del "enemigo interno", la reacción contra aquello que recordaba la cultura militante confluyó en la implementación de un arduo artefacto represivo que procuró enfrentar a su adversario en sus múltiples dimensiones. No sólo se arremete contra los cuerpos, sino que combate al otro en sus símbolos, su memoria, sus tradiciones y sus ideas.

Con esto, es menester preguntarse acerca de lo que pasó con el tiempo libre y el esparcimiento de los chilenos y chilenas de esa época, sobre todo de los jóvenes y de los lugares de diversión o encuentro que frecuentaban, y para el desarrollo de este artículo, los lugares donde se impulsó el rock en nuestra capital.

La prohibición de la vida nocturna bajo el régimen de "estado de sitio" y "toque de queda" hizo más profunda la huella de la dictadura en las mentes de los santiaguinos, instalando una percepción de "miedo a la noche" sujeta a los patrones policiales impuestos por la dictadura -como la detención por sospecha y los allanamientos nocturnos- aún cuando se puede fechar la reestructuración de la vida nocturna en la urbe a partir de 1981, con el surgimiento del ‘Rincón de los Canallas’, en calle San Diego.


Fue durante los años 80, que Santiago comienza a generar embriones de diversidad cultural nocturna a partir de lugares semi-escondidos, donde se pueden cultivar estilos de diversión artística, sobre todo musical: desde el Canto Nuevo de las peñas a las tocatas rock en las universidades y las fiestas alternativas en nacientes espacios como el Garage Internacional, El Trolley, el Café del Cerro o la discoteca Blondie. Este es el indicador donde vemos que la vida nocturna no fue aniquilada por el régimen militar, sino, más bien lo que ocurrió, fue la permisión a la existencia de lugares citadinos nocturnos (con claro propósito anti-dictadura), para generar una situación de calma interna, frente a las detenciones, torturas, asesinatos y desapariciones vividas por muchos ciudadanos en el silencio terrorífico de la noche.

Así fue el contexto general dictatorial latinoamericano de la nocturnidad.

La vida nocturna en clave rock se volvió una herramienta indispensable para la dictadura. La Nueva Canción Chilena fue brutalmente perseguida con el propósito de extinguirla. Muchos de sus exponentes fueron exiliados -Inti Illimani, Quilapayún; otros, en tanto, vivían con el constante terror de ser allanados en sus salas de ensayo y detenidos, como fue el caso de los Blops; y otros daban la lucha musicalmente editando discos infiltrando canciones de protesta y crítica social maquilladas con las más hermosas metáforas para burlar la censura que se había convertido en una práctica estatal, siendo Congreso y Santiago Del Nuevo Extremo casos notables. Se persiguió todo lo que sonara a quena y charango.

En tanto, el rock, en frecuencia gringa y sin ningún elemento latinoamericano, no estaba formalmente vinculado con la izquierda. Por eso fue el rock la música que se ponía en los parlantes del los estadios para evitar que se escucharan los gritos de los detenidos torturados. La Secretaría Nacional de la Juventud, brazo juvenil del oficialismo, se dedica a auspiciar a grupos de rock chilenos como una forma de invisibilizar los problemas reales y alienar a la juventud. Está como ejemplo el auspicio de las tocatas dominicales en El Pueblito del Parque O’higgins. Se difunde el rock en inglés porque es una música que no tiene un contenido claro u opositor, y a la vez, se prohíbe cantar en español porque esto sí puede reflejar la cruda realidad, y con ello generar conciencia.

Con esto, se suprime el discurso propio y se impone e instaura la cultura del cover. Muchos grupos, como Tumulto o Arena Movediza tuvieron que tocar canciones de Yes, Led Zeppelin, Black Sabbath o Grand Funk para poder ser permitidos y tocar con tranquilidad. El rock se volvió un elemento funcional a la dictadura -de manera macabra- y al mismo tiempo, un elemento perjudicado por la misma.

El rock chileno tuvo que enfrentar una situación doble muy compleja de la que definitivamente salió perjudicado, ya que llevaba una trayectoria clara y directa hasta ese entonces, pero que luego del Golpe, se congeló. Toda una fuerza creativa se vio totalmente abortada. Los músicos estaban sujetos al toque de queda, no podían circular libremente y estaban obligados a tocar en sus propias poblaciones, a refugiarse en la periferia porque no se podía ir al centro. Una confinación física, incluso: no podían salir de sus casas porque había toque de queda, no podían cantar en español porque era peligroso, no podían tener canciones propias porque eran censurados.Se enajenó todo un público, toda una generación de adolescentes.


Todo ello hasta que el punk, el new wave y el electropop -estilos que aterrizaron en el país juntos y revueltos en los ochentas- comenzaron a transformar los ámbitos juveniles con nuevas agrupaciones y lugares. 1984 es el año en que Los Prisioneros revientan el Café del Cerro, en Ernesto Pinto Lagarrigue #192 (Barrio Bellavista). Por el mismo tiempo, aparecía el Garage Internacional, en Matucana #19 (Barrio Estación), administrado por Jordi Lloret, donde se hicieron masivas tocatas y fiestas anti-dictatoriales y donde nace, tardíamente, el punk chileno de la mano de los Pinochet Boys y Dadá. Se suman el viejo Teatro Carrera (Barrio Centro), donde tocó Florcita Motuda y se bailaba al son de Sumo. En El Trolley, de San Martín #841, tocaron los Fiskales Ad-Hok, Mauricio Redolés y los Electrodomésticos.

Esta andanada de lugares y personajes hizo ver la emergencia de una nueva juventud, menos atada que la de la primera época de la dictadura, que esperaba el plebiscito del 1988 bailando y disfrutando la noche, pero que vio truncos sus sueños de libertad con la asunción de la democracia pactada en marzo de 1990. Con la democracia vino la transición, período donde (supuestamente) se volvía a la libertad, a la no censura, a la fiesta. "El poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". La clandestinidad y amateurismo de finales de los 80 se extingue, y con ello, muchos de estos lugares, dando paso a una época donde la cultura se torna paternalista y de contenido pacificador, y donde la ciudad se dispondrá a ser escenario de sendos conciertos internacionales.

La tesis de que la dictadura consiguió instalar en la mentalidad colectiva de la urbe el terror a la noche como un componente esencial e insustituible de la vida de los santiaguinos, nos permite visualizar la existencia de una ciudad altamente segregada no sólo en el terreno social, como lo había sido en el siglo XX. Con la dictadura, se proyectó también en el campo de la exclusión cultural, que permitió a la oligarquía reemplazar el imaginario mental de la nocturnidad democrática capitalina de los fines de semana de los años '60 y '70 por el ideario televisivo del sábado performántico, extendido y circense, que niega la noche como lugar y espacio de recreación colectivo y popular, limitándolo a una programación virtual de películas, series y programas de conversación y cantos espurios, sin trascendencia ni contenido.

A pesar de esto, surgieron lugares, cuerdas, voces y canciones para realizar subverciones culturales que fueron impulsoras del nuevo sonido musical chileno.

"Dictadura musical
nadie puede para de bailar
la música del General"
Pinochet Boys - La Música del General (1985)

(*) Artículo publicado originalmente el 01.10.2010

Bibliografía:

Ponce, David. 'Prueba de Sonido', Ediciones B, Santiago, 2008.
Ramírez, Juan Carlos. 'Santiago Underground'. Diario La Nación, Santiago, 31.12.2006

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Persa Bío-Bío: la "picá" para comprar discos


Santiago
es una gran ciudad, con muchas historias y rincones para ser descubiertos. Dentro de estos rincones se encuentran algunas ‘picadas’ donde podemos encontrar y comprar nuestros discos favoritos por un valor menor al que podríamos encontrar en las tiendas o disquerías más reconocidas. Por eso, en nuestro afán de compartir, te invitamos a descubrir estos lugares comenzando con el mítico y poco reconocido en la web: el Persa Bio-Bio.

bio-bio1 copia

El Persa Bio-Bio, históricamente data desde los años ‘30, tiempos en que se instalan en la capital los comercios del tipo ‘feria persa’. Se encuentra ubicado en el limite sur de la comuna de Santiago, barrio Franklin, al sur de Av. Matta, conocida antiguamente como Camino de Cintura. Son en total más de 5 cuadras donde se sitúan diversos comercios dirigidos a los más variados públicos, ubicados dentro de los distintos galpones o recintos, donde podemos encontrar desde muebles nuevos, antiguos, ropa, electrodomésticos, libros, instrumentos musicales, locales de comida, y por supuesto puestos de discos.

Tal como muestra destacado en rojo el mapa de arriba, el lugar que queremos mostrarles esta ubicado en el denominado Persa Víctor Manuel, uno de los más concurridos para buscar joyitas de antigüedades, libros, revistas y música. Este persa se divide en galpones situados dentro de la manzana comprendida entre calles Placer, Victor Manuel, Bio-Bio y San Isidro, a una cuadra de Santa Rosa, hacia la cordillera.

victor-manuel persa

Allí existen 2 galpones donde podemos encontrar puestos de venta de CD’s en ediciones absolutamente originales, algunas de ellas importadas desde brasil o argentina, donde el valor de los discos es mucho menor al de nuestro país. Por ejemplo el disco de Divididos ‘Amapola del 66’ en la tienda The Knife, del Eurocentro tiene un valor de 17 mil pesos, mientras que en la web de Musimundo alcanza los $8440 pesos chilenos (69 pesos argentinos).

El Galpón 6, accesible desde la esquina de Placer con Víctor Manuel, tiene al menos 4 tiendas recomendables para comprar discos baratos, como los que se ven en la imagen que encabeza el post.  Uno de los mejores puestos es el de Julio Quiroz (Local 54), donde podemos encontrar todas las variedades del rock y encargarle discos, de hecho es el único que nos entrego su tarjeta luego de comprarle el ‘Diamond Eyes’ de Deftones a 6 lucas.

También en este galpón, escondidos entre los locales de tintas y juegos,  se encuentran otros destacados puestos de música más progresiva setentera como King Crimson, Camel, Genesis o Magma, algunos con metal, dvd’s musicales y poleras rockeras. Algunos de estos locales llevan más de 10 años allí ubicados, manteniendo el estilo de música que venden, pero adaptándose a los cambios tecnológicos pasando desde los casetes pirateados que vendían en los ‘90 a $1000 hasta los cd’s, dvd’s y blue rays de hoy.

bio1La entrada al Galpón 6.

Más al norte, el Galpon 4 destaca por tener mucha más variedad de géneros, con tiendas mas especificas de cada uno de ellos, desde el brit pop, indie hasta música latina y rock clásico. Para llegar a este galpón puedes acceder por calle Víctor Manuel desde el exterior, o por alguno de los pasillos interiores de la cuadra. Acá puedes encontrar desde los vinilos mas rebuscados, nuevos o clásicos, ediciones de lujo, japonesas o singles importados dentro de los puestos que se reparten longitudinalmente por los 2 pasillos del galpón. Destacados son también 2 puestos, uno cercano al pasillo central al medio del galpón, donde según nos conto su dueño, traen los discos desde argentina, y puedes encargarle alguno que estés buscando en especial, y te lo trae en un lapso de una semana. En ese puesto podemos encontrar ofertas de 2 discos por $5.000 pesos (incluyendo a Lucybell, Velvet Revolver, Oasis, etc) o por ejemplo el ‘Use Your Illusion II’ de Guns N’ Roses en CD a solo $3.500 pesos, o todos los de Led Zeppelin a $5.000 cada uno.

El otro local destacado es el de las ediciones especiales, para coleccionistas, donde puedes encontrar la edición japonesa del ‘Phisycal graffiti’ de Zeppelin a $35.000 pesos, o la de ‘The Incident’ de Porcupine Tree a $25.000, o la edición física del disco que Trent Reznor regaló vía internet ‘The Slip’ de Nine Inch Nails a $15.000.

Recorriendo el galpón, en otros locales puedes encontrar los discos remasterizados de The Beatles que salieron el año pasado por precios menores a los regulares, o ediciones de lujo de los discos de Radiohead desde $20.000 pesos, especiales para regalar a algún fanático de los ingleses.

Pero es cosa de recorrer este lugar rico en ofertas y picadas, por lo que desde +ROCK los invitamos a conocerlo si es que no lo conocen o vienen desde regiones de visita a la capital, a redescubrirlo si han ido antes o a simplemente deleitarse con un lugar tradicional del sur del Santiago Antiguo.

bio-galpon4Acceso desde calle Víctor Manuel al Galpón 4.


(*) Artículo Publicado Originalmente el 14.10.2010
Imagen principal vía juvenoide.cl

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Música congelada #2: Morrison Hotel

Segunda entrega del especial “música congelada”, ejercicio que busca entrelazar acordes, fotografías, rocanrol y paisajes urbanos. Ya escribimos acerca del impacto y relevancia de Abbey Road, ahora es tiempo de descubrir qué se esconde tras la carátula del quinto disco de The Doors.

Photo: Henry Diltz, 1969

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Música congelada #1: Abbey Road


El contexto urbano ha estado siempre ligado a la música. Desde ser inspiración de canciones a ser utilizada como plataforma para su interpretación, la ciudad se ha ido transformando en objeto icónico de ésta, en su testimonio físico, visual. La tesis que se puede plantear es si la ciudad se proyecta como un escenario estético en función de la música. Si finalmente “la arquitectura es música congelada”, parafraseando al filósofo alemán Arthur Schopenhauer.

Para ver esta histórica relación entre arquitectura y música, específicamente en el rock, revisaremos en una serie de artículos, las caratulas de cinco álbumes fundamentales en la historia del rockanrol de los años setenta que fueron, precisamente, inmortalizados desde sus portadas con algún tipo de guiño urbano. Los clásicos: “Abbey Road” de The Beatles (1969); “Morrison Hotel” de The Doors (1970); “Ziggy Stardust” de David Bowie (1972); “Physical Graffiti” de Led Zeppelin y “Animals” de Pink Floyd (1977).

ABBEY ROAD STUDIOS Y EL MÍTICO PASO DE CEBRA


Saint John’s Wood es un suburbio localizado al noroeste de Londres, Inglaterra. Su proceso de formación urbana data del siglo XIX, caracterizándose por el desarrollo de construcción de baja densidad que se implementó en la zona y que llevó a su conformación de barrio residencial, con villas de estilo italiano y viviendas principalmente victorianas y góticas, rodeadas de amplios jardines y avenidas bordeadas de árboles. Esta planificación fue  vanguardista si se tiene en cuenta que en la normativa londinense de la época prevalecía la construcción de townhouse. Esto conllevaría a que mucha gente ligada a la cultura y las artes viviera en este incipiente barrio que presentaba una atmósfera de pueblo, evocando a lo rural, y a la vez, estaba muy cerca de la ciudad. En este contexto urbano, se edifica en 1830 el inmueble que hoy conocemos por
Abbey Road Studios.

Construido originalmente como un pêtit-hotel de estilo neoclásico georgiano (común por esos años), el edificio no tardó en convertirse en un lugar ávido para hacer música, registrándose entre sus paredes piezas de música clásica interpretadas por la London Symphony Orchestra. Ya para 1930, la propiedad pasa a manos de la compañía discográfica multinacional EMI Music para ser utilizada como estudio de grabación. El primero en ocupar ese lugar como epicentro del rockanrol inglés fue Cliff Richard, donde graba en 1958 el single “Move It”. Pero no será hasta once años después que la historia de ese lugar cambiará.

1969. Once y media de la mañana del ocho de agosto. Un guardia local corta por diez minutos la transitada calle Abbey Road, cerca de la intersección con Grove End Road. El motivo: la banda más influyente e incombustible de la historia - fenómeno popular de la cultura inglesa - haría una sesión fotográfica en dicho cruce para la elaboración de la portada de su próximo disco, en definitiva, el último.

Aún faltaban nueve días para que el trabajo de John, George, Paul y Ringo concluyera en los Estudios EMI. El proyecto “Everest” haría que de nuevo tuvieran el mundo a sus pies. Y lo hicieron, pero ni ese nombre ni la idea de una portada donde aparecerían fotografiados en la cima del Himalaya los convencieron para etiquetar y retratar esta nueva apuesta. Fue entonces cuando los músicos decidieron ser perpetuados por la cámara del fotógrafo escocés Iain Macmillan a las afueras del estudio, en el barrio, y con la misma ropa que llevaban puesta.


Seis fotografías fueron las que capturó el lente de Macmillan. La quinta fue la seleccionada para representar gráficamente el espíritu de uno de los mejores discos en la historia del rock. Según el director creativo de Apple Records, John Kosh, esa imagen fue la que ilustraba la armonía perfecta para ser la portada del nuevo disco, al que simplemente se le llamó “Abbey Road”, haciendo una especie de homenaje a aquella transitada calle que, desde los sesenta hasta hoy, ha sido testigo de la historia de la música popular.

Una de las leyenda urbanas cuenta que el grupo representó un cortejo fúnebre, donde los músicos caminarían separados, cruzando la calle hacia otro destino, como una epifanía de la historia que luego se escribiría. John Lennon viste completamente de blanco asumiendo el rol del sacerdote; Ringo Starr, con traje negro, sería el de los servicios funerarios; George Harrison con ropa más informal, es el enterrador; y Paul McCartney, el difunto (tiene los ojos cerrados, camina con el paso cambiado, viste un traje y está descalzo, como suele ser habitual en los cadáveres preparados para ser velados), alimentando así el mito de su muerte. Pero en realidad, todo fue producto del azar: la fotografía, el nombre del disco, el orden en que se cruzó la calle, la vestimenta, la composición, la simetría, la luz.

La calle que cruza el barrio St. John’s Wood – hoy por hoy uno de los más costosos del mundo – es hito turístico y lugar de peregrinación de cualquier melómano. Las paredes exteriores del edificio en el #3 de Abbey Road se han transformado en un gran libro abierto donde los fanáticos dejan por escrito el testimonio de su presencia. Aquel paso de cebra, el ícono pop urbano por excelencia, atrae cada año alrededor de ciento cincuenta mil turistas, que no dudan ni un segundo en emular el rito fotográfico de los Fab4. Fue así como los estudios EMI (donde los Beatles grabaron el 90% de su catálogo) y su entorno cercano, fueron inmortalizados.


A pesar de toda esta historia de fama, el 16 de febrero del 2010, el diario Financial Times anunciaba la venta de los famosos Abbey Road Studios, nombre que adoptó desde 1970. El precio: cerca de US$19.000.000 (más de cien veces de lo que pagó EMI en 1929), dinero que serviría para cubrir parte de la deuda asumida por el fondo de capital riesgo Terra Firma (actuales dueños del sello), que la adquirió en 2007.

Sin embargo, la controversia que causó la noticia provocó que el gobierno británico protegiera a los estudios declarándolos Patrimonio Histórico, una semana después de conocer la intención de venta, asegurando así que este santuario de la música no esté a merced del mejor postor y que su estructura no sea modificada por un arrebato estético. Ya en diciembre del mismo año, el gobierno dio otra señal de protección al lugar, esta vez declarando al espacio del paso de cebra Monumento Nacional.

En palabras de Margarte Hodge, ex-Ministra de Cultura y Turismo: “los estudios Abbey Road tienen una enorme importancia cultural (...) acá surgió parte de la mejor música del mundo”. Claro, aparte del inconsciente legado como capital turístico que dejó The Beatles, ahí se vivieron maratónicas jornadas de composición musical por parte de grandes músicos ingleses de las últimas décadas, desde Jeff Beck a Blur, de Pink Floyd a Radiohead.

En una forma de defensar su imagen, EMI emitió un comunicado aclarando que su intención es mantener el estudio en virtud de su propiedad, que no están en venta y en realidad estaría buscando inversores para ayudar con una revitalización del proyecto y sigan siendo estudios de grabación y no se conviertan en museo.

Interesante paradoja ocurre a un año de estos hechos. Los Abbey Road Studios anunciaban que abrirán sus puertas al público por primera vez en su historia con la excusa de la celebración de su aniversario número ochenta. Inicialmente sólo sería un día, el diez de marzo, en dos sesiones en las que se podrá estar en el mítico Studio #2, el lugar exacto que se ha utilizado para grabar varios de los discos más influyentes del género. La demanda fue tanta (cómo no) que estas visitas ya se ampliaron a cuatro días más. Y como de beneficencia no se pagan las deudas, la entrada para visitar este mítico lugar bordea los US$115. Se suma  a este recorrido la exhibición de un documental que proyectará fotografías y videos inéditos de las grabaciones de las bandas que desbordaron su talento bajo el alero de esas paredes, como los ya citados The Beatles, y también Pink Floyd, The Hollies o The Shadows.

La calle más famosa del orbe (la cual podemos monitorear las veinticuatro horas del día desde esta cámara) y el edificio que fue el alma matter de los rockeros más prodigiosos de su tiempo, tienen así su destino consolidado. Estos lugares, aunque no suenen en nuestro reproductor de música, forman parte de la banda sonora de varias generaciones, y ese cotidiano y simple acto de cruzar un paso de cebra, que significó el final de la banda oriunda de Liverpool, es el ejercicio urbano más imitado, no sólo en el cruce de la calle londinense, sino también, en cualquier punto donde encontremos la oportunidad de sentirnos por un pequeño instante, un beatle más.

Anexos:

"Abbey Road", remasterizado 320kbps
Abbey Road a la chilena (Video 3TV)
Abbey Road a la chilena 2
Recrear la foto del Abbey Road podría violar leyes de copyright en UK
Portada de la Rolling Stone, cuando Abbey Road fue cruzada por The Simpsons

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Sinergia y su ‘Vamos con Todo’: rescatando patrimonio

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El pasado sábado 18 de diciembre, la banda oriunda de Conchalí, precursora del metal pájaro en nuestro país, dueña de un estilo inconfundible y una propuesta novedosa que no admite imitaciones recorrió la capital para lanzar su ultimo disco ‘Vamos con Todo’, que incluye 7 covers a canciones de la nueva ola chilena, pero versionadas al estilo Sinergia.
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Para lanzar este disco la banda se subió literalmente arriba de un camión y recorrió las comunas de Santiago realizando 4 conciertos en el mismo día, todos gratis. El ultimo de ellos pude presenciarlo en la intersección de las calles Cumming y Agustinas, en pleno centro-poniente de Santiago. Coincidentemente en el mismo lugar estaba la presentación de la gira de 31 Minutos y actividades organizadas por las juntas de vecinos del sector, por lo que la tocata de Sinergia, programada originalmente para las 17 hrs se retraso hasta pasadas las 19 hrs, en una agenda que ya había pasado por el Persa Bio-Bio, Peñalolén y La Florida.
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El show como de costumbre fue una prueba de la potencia que alcanza la banda en vivo, que no se aprecia cabalmente en sus discos, porque la propuesta alcanza su máxima expresión cuando entran en contacto con su publico y la ‘sinergia’ entre ambos entes genera el mejor de los resultados. El show fue un repaso por algunos de los ya clásicos del repertorio propio y las canciones de su nuevo disco, el segundo de covers (antes fue un repaso a los 80) y el séptimo de su carrera, que viene a rescatar aquel patrimonio de la cultura más popular chilena ligada a las radios, a recuerdos de infancia para algunos o de juventud para otros, como algunos de los peatones que se encontraron con el show de casualidad.
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Personalmente las canciones de este disco me rememoran mis tiempos de educación básica, cuando en aquellos años al mediodía, cada día escuchaba antes de irme al colegio, junto a mi madre que me preparaba el almuerzo, el programa de Radio Chilena conducido por Luis Hernan Schwaner llamado “Lolos de Ayer” quien tocaba las canciones de la ‘época dorada’ de la música según sus palabras, desde el año ‘54 hasta el ‘73.
Embustera, original de Raul Vera Chacon
folderPero más allá del recuerdo o valor personal, la gran gracia del disco es que a partir de canciones ‘añejas’ la banda de Don Rorro sigue manteniendo vigente su propuesta, a partir de esas canciones escogidas, de los covers, de esas inspiraciones es cuando las canciones de la banda adquieren más sentido aun, al compartir esa misma inocencia y el lenguaje simple y juguetón de los clásicos de la nueva ola, un rescate patrimonial que sirve para dos propósitos: mostrar estas canciones a las nuevas generaciones y agradecer la inspiración a través de incorporarlas dentro del lenguaje propio, es cosa de escuchar ‘Embustera’ y ‘Te enojai por todo’ por ejemplo.
Volviendo al show, es destacable la puesta en escena y la entrega de la banda, que a pesar del calor, la extensa jornada y el escaso publico presente, mostro el mismo profesionalismo y entrega que, por ejemplo, los llevo hasta el escenario del Festival de Viña. Apretados arriba del camión y todo, se las ingeniaron para hacer coreografías en homenaje a Devo e interpretar cada canción con las mejores ganas. También se dio el espacio para que surgieran algunas cosas espontaneas y criollas que conviven día a día en la ciudad, como que un ‘mendigo’ ilustre del barrio Cumming, como el ‘Chuña’ se suba al escenario a compartir con la banda y transformarse en parte del show, además de degustar algunas bebidas que el publico les entregaba, jeje.
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No es nuevo esto de recorrer en camión con su música para la banda, ya lo hicieron para el lanzamiento de “El Imperio de la Estupidez”, lo que viene a destacar, además de sus intentos musicales de rescatar canciones del imaginario colectivo chilensis, una búsqueda igual de trascendente e importante, que es acercar a los barrios la música y la cultura, tratar de revivir aun con el éxito que han logrado la vida de barrio y ese sentimiento de arraigo con la ciudad ‘inventando’ panoramas que están al alcance de la mano y de manera gratuita. Una iniciativa aplaudible y ojala imitable, de una banda donde no hay aires de divos ni de estrellas del rock, sino que son conscientes de donde vienen, gracias a quien crean su música y para donde quieren dirigir su arte.
Aparato Raro y Devo, hermanados por Sinergia.