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The Beatles y su sincretismo revolucionario

Ilustración de Roger Hoyos®

Tenían al mundo a sus pies. Todos los músicos que entraban al circuito querían ser como ellos. Eran el fenómeno pop más universal jamás conocido. Eran la superestructura de la música popular.

Desde 1966, cuando The Beatles dejó de realizar giras (básicamente porque ya no podían disfrutar hacer música en vivo por culpa de los gritos de las fans), comenzarían a ir contra del mismo ethos que forjaron por cortos pero extenuantes cuatro años para construir la leyenda y forjar una discografía de excelencia, en base ya no a una fórmula para el éxito, sino que en base a la experimentación y al encuentro con otras manifestaciones culturales que bullían en creatividad. Con este giro, los Beatles le dieron maduración y consolidación al rock como producto artístico, y -como lo describe el académico Fabio Salas- a la vez lo despojan de su superficialidad temática y lo encauzan hacia una profundización en los contenidos y formas.

El contexto: mientras EE.UU. comenzaba su guerra absurda contra Vietnam, los ingleses por su parte comienzan a difundir textos más acabados y de un contenido más vivencial en sus canciones. Era la época del Rubber Soul, donde recuperaron el sentido de dirección que habían empezado a perder durante el último período de trabajo de Beatles For Sale (1964) y que, a causa del abuso de la marihuana, casi se evapora durante la era del Help!

Es en este período donde comienza a generarse el fenómeno de sincretismo (sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes) en los Beatles, gracias a un entendimiento gradual de que no tenían porque separar su trabajo profesional de sus vidas internas (una de las marcas más profundas que les dejó su encuentro con Bob Dylan en 1964).

Se tomaron vacaciones -cosa que no ocurría desde 1962- para ocuparse justamente de situaciones más cotidianas y banales. Y también, para absorber ideas e influencias para un nuevo álbum. En esos tiempos de reencuentro y descubrimiento, los músicos de Liverpool profundizaron sus conocimientos de ciertas manifestaciones culturales que les inquietaban: George Harrison se instruía en los conocimientos en la cultura hindú (filosofía, música, religión), Paul McCartney empezaba a estudiar y comprender la música clásica con sus sonatas y sinfonías, y John Lennon exploraba su espacio interior mental con el LSD e indagaba sobre las teorías de las experiencias psicodélicas de Timothy Leary. Todas estas inquietudes se volcaron hacia la profundidad del talento tanto del grupo, como en sus composiciones individuales.

Estas conciliaciones entre los procesos de choque transculturales traerán consigo las llaves de las nuevas propuestas en sonido de la música popular de la segunda mitad del siglo XX. El cruce entre la cultura brit clásica en los Fab4 con el hinduismo, los experimentos psicodélicos alucinógenos (cabe mencionar que en Inglaterra aún no había una subcultura del “ácido” como en EE.UU.), la literatura existencialista, las ideas marxistas y anarquistas, el postmodernismo, y hasta la música docta, generarían innumerables matices tan significativos en sus contrastes como en sus similitudes, y dotarán al catálogo de los Bestles, y de la música popular, una riqueza sin parangón. Para el periodista y escritor Diego Fischerman, los Beatles fueron un “fenómeno anfibio”: mientras sus canciones seguían bailándose, pasándose por la radio y vendiendo millones de unidades, desarrollaban un nivel de sutileza y detallismo en la composición totalmente inéditos en la música pop.


La primera canción en donde se nota la mezcla y la coparticipación de formas culturales generando un resultado integral es ‘Norwegian Wood’ (1966). El primer rasgo característico es su tinte oriental, por el uso del sitar, instrumento de cuerdas de origen hindú, que Harrison ya había escuchado en la banda sonora de Help! (1965), pero que decidirá tocarlo luego de conocer el trabajo del músico Ravi Shankar. Para Lennon, era algo nuevo, pero después de escuchar y sentir los sonidos que se podían sacar (con los sentidos alterados por el LCD) quedó fascinado con el sonido raga (modos melódicos empleados en la música clásica india). En una composición en conjunto con McCartney, el resultado fue una de las mejores canciones del Rubber Soul y predilecta entre los músicos de folk. En cuanto a su letra, Lennon tomaría el espíritu de narraciones burlonas al estilo Bob Dylan.

Música y letra comenzarían a transmutar en sus específicos discursos ya para 1967. Y también lo haría su forma de mostrarse visualmente. La fórmula de Brian Epstein de uniformarlos al estilo de la nouvelle vague francesa de finales de la década del 50 sería historia. Ahora, se dejarían crecer el pelo, usarían barba, vestirían trajes de colores, o bien, la ropa que a cada uno más le gustase. En definitiva, encontraron en los postulados del pop art (del visionario Andy Warhol) el medio para construirse una imagen, un sentido para darle forma a su nuevo espíritu rebelde, algo que también se reflejaría en la preocupación estética del arte de sus álbumes.

The Beatles, cambio look 1963 y 1969

El académico Claude Chastagner sostiene que el arte de un disco es un espacio de ambigüedad y de tensión, entre aspiraciones estéticas, radicalismo crítico y apuestas comerciales. Es un espacio, ínfimo, pero con una capacidad de intriga y poder de seducción. Los Beatles, intuyéndolo o no, desde su disco Revolver fueron marcando pauta del poder y la seducción de una carátula. El caso más evidente, sin duda, es el de la portada del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967), encargada a los artistas pop Peter Blake y Jann Haworth, y transformada en la carátula más imitada en el mundo de la música popular.

Blake y Haworth imaginaron un objeto estético, lúdico y de una extraordinaria capacidad comercial y publicitaria, donde se encuentran exhibidos con ostentación, los gustos culturales de Lennon, McCartney, Harrison y Starr, en un gesto que funda y legitima el eclecticismo iconoclasta de la cultura rock y el sincretismo entre las artes musicales y las visuales. William Burroughs, Albert Einstein, Edgar Allan Poe, Fred Astaire, Marlon Brando, Marilyn Monroe, Bob Dylan, Sigmund Freud, Karl Marx, Laurel y Hardy, Karlheinz Stockhausen, George B. Shaw, Shirley Temple, Oscar Wilde… son algunos nombres que desfilan por la carátula, todos personajes públicos de diversas ramas artísticas, culturales, académicas, de las ciencias sociales; todos, transformados en memorabilia rockera luego de este guiño.


Con los discos: Revolver (1966), Sgt. Pepper’s… (1967), Magical Mystery Tour (1967), The Beatles (1968) y Abbey Road (1969) los Beatles llegarían a un techo imposible de superar, siendo Sgt. Pepper el cenit del proceso, contextualmente. ¿Las razones? Su sincretismo es de un resultado exquisito, el primer álbum conceptual indivisible para la industria musical (que tenía la mala praxis de sacar versiones distintas a cada lado del Atlántico), salto en la calidad de producción e innovación en las técnicas de grabación, y una propuesta musical tan abrumadora que llevó a que todos los grupos de rock revisaran sus músicas y planteamientos. Hasta los mismos Rolling Stones intentarían equiparar este trabajo en su Their Satanic Majesties Request a finales de 1967.

El legado de esta discografía esencial para cualquier melómano que se jacte de tal, es que no importa el éxito obtenido, siempre hay que seguir evolucionando; no conformarse con las líneas habituales, sentir el deseo de conocer cosas distintas; tener olfato para rastrear en otras culturas distintas las herramientas para abrir caminos; hacer una reflexión cuando las fórmulas se agotan y tener el coraje para cambiarlas.


Con todo ese abanico de conocimiento, es imposible que no aumente el gozo cuando se escucha, por ejemplo, la hermosa ‘Eleanor Rigby’ con su doble cuarteto de cuerdas, que ya no es sólo un “arreglo”, sino que es algo con tal grado de esencialidad que se hace irremplazable; o no quedar reflexionando en el texto de ‘Tomorrow Never Knows’, con su contenido ideológico profundo, que subvierte su propio mensaje equivalente a la máxima hippie de “estar aquí y ahora” con las ideas vanguardistas y existencialistas que comenzaron a inquietarle a Lennon, y que volcaría de lleno en su discurso, tanto en los Beatles como en su truncada carrera solista; o quedar perplejo ante el desquiciado sonido de 'Helter Skelter', con McCartney dando rienda suelta a su mejor faceta de guitarrista poderoso y arreglador de cosas enormes. 

Este tipo de trabajo es el más claro ejemplo de lo constitutivo e importante que fue la música para los Beatles una vez que absorbieron la característica abstracta, pero real, que distingue a las obras más representativas del arte a través del sincretismo. Le dieron valor a lo estético como un resultado artístico superior, por sobre otros vicios del mundo musical (como el business). Y fueron los primeros en el siempre complejo universo del rock. Otra vez.

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Rock, identidad y espacio público

1965 es el año en donde nació el rock como el elemento identitario innegable de la juventud del siglo XX. EL rock ‘n roll ya había hecho su tarea de empoderar a los jóvenes desde la habitación. Ahora es tiempo de conquistar el espacio público

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Autogestión en la música chilena (II)

Segunda parte del especial sobre autogestión en la música popular chilena. Esta vez, revisando lo que pasó en la década dorada en cuanto a producción: los 90. ¿Cómo influyeron el retorno a la democracia y la revalorización del arte en nuestra industria local?

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Cuando la música se acaba

“Queremos el mundo y lo queremos ahora”, es el grito colérico de Jim Morrison en la grandiosa canción ‘When The Music’s Over’. ¿Qué es lo que los Doors querían comunicarle a toda una generación juvenil ávida de cambios? Analizamos su importancia para la cultura rock

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Rock en tiempos de crisis

El capitalismo ha traído consigo un montón de nefastas consecuencias para la sociedad, que en otras épocas han sido denunciadas fervientemente por el rock. Pero hoy, ¿qué hacen nuestros músicos para usar la canción como arma de resistencia?

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Autogestión en la música chilena (I)

Primera parte de una serie de artículos que abordarán la autogestión en la música popular en Chile. Acá, revisamos el período de tiempo entre fines de los años 60 y fines de los 80, con la aparición de pequeños colectivos y redes de apoyo informales

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Blur vs. Pinochet: crítica neoliberal

Más allá de la razón principal de la suspensión de su show en 1999, nadie había reparado en el texto discursivo de Blur, claramente más incendiario que su nacionalidad, ya que atacaba al espíritu del siniestro legado de Pinochet: el neoliberalismo

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YMR: En el under siempre ha estado el futuro

En el camino a descubrir los sellos independientes que le ponen aguante en Chile, entrevistamos a Ivan Daguer, director de Yellow Moon Records. conversamos sobre opciones de vida, libertad y las ganas de pasarlo bien en la vida en el Yellow Moon Fest.

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Rock, habitación e identidad

A mediados de los 50, el rocanrol no sólo llegó para cambiar los canones de la música entonces conocida, sino que también, instauraría a un nuevo sujeto social: el adolescente, y ayudaría a definir un nuevo espacio de identidad: la habitación.

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Pintura callejera: intervención urbana rock

Johnny Cash, John Lennon, The Ramones y Joe Strummer retratados en los muros de la ciudad
“La historia se escribe en la calle
con gente de verdad”

Weichafe – El Rock Del Poncho

La frase del desaparecido grupo de rock chileno Weichafe evoca al carácter popular, callejero y más romántico del rock. Inspira esa cerveza en la cuneta, a la junta en la sala de ensayo, al guitarreo' en la playa, a la tocata en la plaza y, porqué no, a la de ese clásico rayado en la muralla, realizado con una lata de espray, haciendo alusión de que el punk no ha muerto. Ese mensaje tan habitual que se puede encontrar en la urbe, específicamente en las paredes -el gran soporte de las manifestaciones artísticas populares- da fe a la premisa descrita por el power trío, y que lleva años expresándose, retratando un hecho estético total y que atiende a lo contestatario. Un tipo de manifestación que se mantiene al margen del sistema, alejado del "doble click", que trae el mensaje subversivo y traspasa a todas las redes sociales del ciberespacio a las cuales estamos enviciados, y que es más cercano "al guerrilla radio que al ok computer".1

Este lenguaje se propuso un dialogo con la calle y la ciudad, en el espacio público, donde la ciudadanía se manifiesta (muchas veces y con más fuerza) sobre la crisis de la sociedad. Un fenómeno urbano, comunicacional y artístico. Una jerga que se escribe con rayas, con jeroglíficos o simplemente con una imagen y detrás de la cual habla un misterioso personaje. Así, se puede afirmar que detrás de los rayados, los graffitis, los stencil -el street-art en gloria y majestad- hay una cierta libertad de expresión en forma pura, porque es ahí donde se mezcla la clandestinidad, la rebelión, con los movimientos hábiles, los lenguajes sugestivos y demoniacos, que van dejando el rastro de una o más personas que quieren dejar parte de sus gustos, pasiones y/o reclamos.

Los encapuchados de Liverpool: The Beatles retratados por el artista Mr. Brainwash
Mural realizado en el Barrio Holborn, Londres.

Nuestra ciudad se convierte, de esta manera, en un gran lienzo pintado por un montón de enmascarados con distintas opiniones e intereses. Cada uno proyectando su propia idea, generando una especie de collage, muy lejos del carácter militante del muralismo político y del ególatra graffiti norteamericano. Para que entendamos el mismo lenguaje, definiremos ciudad como un lugar de encuentro e intercambio de cultura2, y pintura callejera, como un tipo -simultáneamente banal, anónimo, popular y masivo- de pintura realizada en las murallas públicas3. De este modo, cuando hay cosas que decir, esas manifestaciones se pueden expresar a través de un gesto visual, y qué mejor que ocupar la propia infraestructura urbana como medio de comunicación social y colectivo.

La pintura callejera forma parte del adn de las subculturas relativamente jóvenes, caracterizada por ser, en líneas generales, efímera y no institucional (aunque en la actualidad muchas marcas comerciales ya han visto en el stencil un importante vehículo para el campo publicitario4). Algunos sociólogos hablan de la ‘moratoria vital’5, que es un período de tiempo en la vida de las personas que las liga a partir de códigos diferenciales generacionales, donde se marca un claro consumo cultural, ligado activamente a los medios de comunicación, específicamente la música.

La clásica animación gráfica de The Wall (Pink Floyd) pintada sobre el Muro de Berlin

La relación que se establece entre la música y lo joven pasa en una medida, no insignificante, por el rock y sus variados géneros (heavy metal, punk, grunge, brit, etc.), para grandes sectores de jóvenes urbanos de clases medias y altas, pero también, para algunos jóvenes de sectores populares que se diferencian así de sus pares.
"Somos las flores de los tachos de basura” decían los Sex Pistols. Esta frase puede ser encontrada en las cercanías del Barrio Azopardo, un barrio estigmatizado por ser uno de los más peligrosos, en San Salvador de Jujuy, y también se lo puede encontrar en las paredes de las calles del Barrio Ciudad de Nieva, uno de los barrios más pudientes.6
Este texto, que ejemplifica la transversalidad de un rayado en la norteña provincia argentina de Jujuy, nos muestra la apropiación del rock desde distintos contextos y subculturas jóvenes, y que, por ejemplo en Santiago, se puede ver graficada con la conocida consigna "Punk Not Dead", que se puede encontrar y leer tanto en murallas de Providencia y Las Condes (comunas del barrio alto) como de Estación Central y Recoleta (barrios céntricos) o Puente Alto y Maipú (zonas periféricas de la capital).

Esta relación entre graffitis y rock, que si bien es cierto tiene una reducida actividad en la actualidad, marca definitivamente una comunicación urbana que desplaza a la comunicación de masas, para transformarse en un mensaje polifónico y subjetivo, pero con una fuerte carga social.

El carácter marginal, periférico y contrainstitucional de los grafitis está ligado históricamente a sus orígenes (en términos de su masificación) a la cultura hip-hop7, desde finales de los setenta y muy fuerte ya en los años ochenta y noventa. Sin embargo, de los inentendibles rayados neoyorquinos, aparece en Francia el artista Blek Le Rat para intervenir las calles parisinas en la década del ‘80, con imágenes a escala humana y de figuras populares, ocupando los conceptos utilizados por Andy Warhol en los años ’50-’60; y siendo mentor de artistas como el reconocido Banksy. Estas técnicas, más el avance tecnológico -pasar de los brochazos al envase en aerosol- darían un vuelco a la utilización de esta expresión callejera.

Antes de este contexto histórico, en Inglaterra aparece la relación entre el rock y la pintura callejera, como un subgénero secundario si se quiere: en 1967, un rayado irrumpe en una estación del metro subterráneo de Islington, Londres. El texto que se podía leer era: "Clapton Is God"8, y fue pintado por un admirador, que luego de ver una presentación de la banda The Yardbirds, decidió manifestar su opinión e "inmortalizarla" con un rayado urbano. Luego, la consigna se volvería tan popular que comenzó a replicarse en varias murallas de la capital británica.

Ya en los ’70, el movimiento punk encontraría en el grafiti y en el stencil un soporte perfecto para su actividad callejera, y así, levantar iconos y figuras subversivas, como también mensajes contrahegemónicos. Más adelante, y en menor medida, la cultura indie también adoptaría la técnica para la difusión de esta tendencia.

Estas huellas que se van escribiendo sobre la piel de la ciudad van quedando descubiertas en los horarios más inciertos, donde la ley fiscalizadora y normalizadora deja de mirar a las paredes como lugares privados y éstas mismas pasan a ser lugares públicamente sensibles, por poner un ejemplo, ya que hoy por hoy la pintura callejera es parte de nuestra cotidianidad.

En Chile, las manifestaciones del grafiti rockero se concibieron a mediados de los ‘80, cuando el nuevo movimiento musical, ya menos reprimido y censurado por la dictadura, comenzaba a generar fuerza y resistencia desde las periferias de la ciudad. Esta trinchera tenía como generalísimos a unos incendiarios sanmiguelinos: Los Prisioneros, y detrás de ellos, toda una generación de músicos que empezaron, de a poco, a manifestar el descontento y denunciar la brutalidad y horror del gobierno de Pinochet. Los Prisioneros pregonaban: “de las entrañas de nuestras ciudades surge la piel que vestirá al mundo”9. Y tenían razón. Lentamente se comienza a formar una especie de escuela clandestina que aspira a ser la canción protesta del proceso histórico que se estaba gestando y la banda sonora del período que se avecina.

Mural de Los Prisionero en el Museo de Arte Callejero, San Miguel
Realizado por Nodo Arte Público y Mono González

Por otra parte, el rock "de afuera" empezará a penetrar con todo y a todo el país desde los ’90. Se escuchará masivamente mucho rock anglo, que dejará sus huellas de manera indeleble en nuestra cultura. El espíritu contestatario y trasgresor que caracterizó al desarrollo del rock iniciada la democracia, su carácter popular, la notable influencia sobre el público juvenil, el origen callejero de algunas bandas y, en oposición a ello, la concentración de las compañías discográficas, su monopolio de la promoción y cadena de distribución; se combinaron para hacer del rayado callejero el medio más idóneo para publicitar tanto a los grupos de rock en formación, como a los nuevos ídolos foráneos. De esta forma, las paredes de la ciudad se transformaron en espacios de prensa libre, en dibujos donde se describen, muestran y simbolizan a nuestras bandas favoritas: Fiskales Ad-Hok, La Renga, Rolling Stones, La Rabona Funk, Víctor Jara, Ramones, Nirvana, John Lennon… todo vale para hacer (re)conocer que hay seguidores del rock.

“Bello barrio con b larga y a corta, en que el proyecto cultural
no ha sido culeado, ni tampoco nos borraron los murales
que anuncian la venida del afamado grupo chicano de rock Los Lobos”

Mauricio Redolés – Bello Barrio

Mural de Víctor Jara con extracto del himno a las BRP

La pintura callejera, como manifestación gráfica del rock, es justamente la clara muestra de las prácticas de la subcultura y una excelente aplicación popular de la máxima del teórico de la comunicación de los ’70 Marshall McLuhan: "el medio es el mensaje"10. Por un lado, marcan las diferencias entre grupos y estilos, y por otro, hay que leer estas intervenciones urbanas como marcas de resistencia al poder hegemónico. Estos símbolos no reconocen en forma directa las filiaciones políticas (aunque se reconoce el histórico carácter político del muralismo chileno) porque se trata de una práctica que, si bien logra saltar el cerco de la indiferencia urbana, por lo general, tiende a ocupar el espacio de la incomodidad, y sin duda, ejerce un grado de violencia contra la propiedad privada y no es improbable que algunos se sientan violentados en caso de que sea su propiedad, y entramos a otra discusión, si esto es arte o vandalismo. Si bien es cierto hay mucha obscenidad y mal gusto en las paredes en varios casos, por otro lado, hay gente atinada que los hace, quizás, porque no tiene otros medios para poder intentar hacer algo bueno por el mundo tan desastroso como está. Y el rock se transforma en esa fuerza que mezcla estética, arte y mensaje contestatario.

Entonces, si no hay plata para publicar revistas, si no hay forma de entrar a las pantallas, si no pasa nada y sigue ese eterno blanqueo que es más bien un gris corrupto cómplice del silencio, si no hay cómo, entonces el plan se reduce al uso de una lata de espray para rayar las murallas de la ciudad.

Interpretación de 'De La Cama Al Living' y portada de Clics Modernos de Charly García.
Mural de Mc Pyo en  Barrio San Nicolás, Buenos Aires


“Me voy corriendo a ver qué escriben
en la pared la tribu de mi calle”

Patricio Rey & Los Redonditos De Ricota - Vencedores Vencidos


(*) Artículo publicado originalmente el 15.09.2010


1 Se hace alusión a la canción de Rage Against The Machine y al disco de Radiohead, respectivamente, conceptualizando los términos de acción insurgente y orden establecido.↩
2 Jordi Borja, "Ciudadanía y espacio público". Revista Ambiente y Desarrollo, 1998↩
3 Patricio Rodríguez-Plaza, "Estética, política y vida cotidiana: El caso de la pintura callejera chilena". Revista Bifurcaciones, 2005.↩
4 Edwin Campos, Santiago Stencil. 2006↩
5 Mario Margullis, La juventud es más que una palabra, 2008↩
6 Edgardo Gutiérrez, Sobre los graffitis y las intervenciones urbanas del rock, 2006.↩
7 Ocupando las técnicas del tag, throw-up y piece que se dieron a conocer en la época ’71 al ’75, principalmente en los barrios marginales de EE.UU.↩
8 La frase hace referencia al excelso guitarrista Eric Clapton.↩
9 Frase de la canción 'La Voz De Los 80' (1984)↩
10 Marshall McLuhan & Quentin Fiore. El medio es el mensaje: un inventario de efectos. 1967↩

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Sábado en la noche: rock en dictadura


No es difícil tratar de imaginar lo complicado que fue ser músico en plena época de la dictadura chilena (1973-1990). Sin profundizar mucho: como ejemplo para los que osaran a rebelarse, a 4 días iniciado el golpe militar acribillaron a Víctor Jara; nuestros rockeros por excelencia, Los Jaivas, se autoexiliaron en Argentina por temor a retornar al país; la DICAP fue desmantelada y destruida. Así, muchos músicos vieron reprimidas sus carreras bajo un implacable plan de extinguir todo vestigio de cultura. Tras toda esa vorágine de violencia y prohibiciones, se produjeron profundas transformaciones en la vida nocturna de Santiago, el horario estelar para disfrutar de un buen espectáculo.

De las épocas míticas de las peñas folclóricas y de los malones nocturnos capitalino se pasó a una era de menor intensidad y frecuencia de tales prácticas. Todo ello ocurrió en un marco permanente de vigilancia y represión de los lugares y personas que intentaron dar otro talante al período. La apertura y cierre de locales, así como su continuidad como lugares de vida nocturna tuvieron una especial significación durante los años ochenta como rechazo a la dictadura militar.

"Santiago no has querido ser el cerro, y tú nunca has conocido el mar 
¿Cómo estarán ahora tus calles, si te robaron tus noches? 
En mi ciudad murió un día, el sol de primavera a mi ventana me fueron a avisar. 
Anda, toma tu guitarra, tu voz será de todos los que un día tuvieron algo que contar"
Santiago Del Nuevo Extremo – A Mi Ciudad (1981)

El Golpe Militar puso fin a la efervescencia cultural que había en la época de la Unidad Popular, y se estableció, en lo político, un sistema autoritario represivo basado en la doctrina de la seguridad nacional que produjo la detención, muerte, desaparición y exilio de muchos ciudadanos, algunos de ellos poetas, músicos, actores, etc. En este período, también, se asientan las bases de la institucionalidad neo-conservadora y neo-liberalista en nuestro país, las cuales han tenido una explicación pobre e invisibilizada en el terreno socio-cultural para intentar explicar en forma íntima los procesos de cambio vividos por la sociedad en general tras las políticas de ajustes dictatoriales o "políticas de shock", como lo plantea la connotada periodista Naomi Klein.

A partir de un declarado rechazo a las manifestaciones que representaban una amenaza al patrimonio e "identidad nacional", en el que la cultura corporizó una arista visible del "enemigo interno", la reacción contra aquello que recordaba la cultura militante confluyó en la implementación de un arduo artefacto represivo que procuró enfrentar a su adversario en sus múltiples dimensiones. No sólo se arremete contra los cuerpos, sino que combate al otro en sus símbolos, su memoria, sus tradiciones y sus ideas.

Con esto, es menester preguntarse acerca de lo que pasó con el tiempo libre y el esparcimiento de los chilenos y chilenas de esa época, sobre todo de los jóvenes y de los lugares de diversión o encuentro que frecuentaban, y para el desarrollo de este artículo, los lugares donde se impulsó el rock en nuestra capital.

La prohibición de la vida nocturna bajo el régimen de "estado de sitio" y "toque de queda" hizo más profunda la huella de la dictadura en las mentes de los santiaguinos, instalando una percepción de "miedo a la noche" sujeta a los patrones policiales impuestos por la dictadura -como la detención por sospecha y los allanamientos nocturnos- aún cuando se puede fechar la reestructuración de la vida nocturna en la urbe a partir de 1981, con el surgimiento del ‘Rincón de los Canallas’, en calle San Diego.


Fue durante los años 80, que Santiago comienza a generar embriones de diversidad cultural nocturna a partir de lugares semi-escondidos, donde se pueden cultivar estilos de diversión artística, sobre todo musical: desde el Canto Nuevo de las peñas a las tocatas rock en las universidades y las fiestas alternativas en nacientes espacios como el Garage Internacional, El Trolley, el Café del Cerro o la discoteca Blondie. Este es el indicador donde vemos que la vida nocturna no fue aniquilada por el régimen militar, sino, más bien lo que ocurrió, fue la permisión a la existencia de lugares citadinos nocturnos (con claro propósito anti-dictadura), para generar una situación de calma interna, frente a las detenciones, torturas, asesinatos y desapariciones vividas por muchos ciudadanos en el silencio terrorífico de la noche.

Así fue el contexto general dictatorial latinoamericano de la nocturnidad.

La vida nocturna en clave rock se volvió una herramienta indispensable para la dictadura. La Nueva Canción Chilena fue brutalmente perseguida con el propósito de extinguirla. Muchos de sus exponentes fueron exiliados -Inti Illimani, Quilapayún; otros, en tanto, vivían con el constante terror de ser allanados en sus salas de ensayo y detenidos, como fue el caso de los Blops; y otros daban la lucha musicalmente editando discos infiltrando canciones de protesta y crítica social maquilladas con las más hermosas metáforas para burlar la censura que se había convertido en una práctica estatal, siendo Congreso y Santiago Del Nuevo Extremo casos notables. Se persiguió todo lo que sonara a quena y charango.

En tanto, el rock, en frecuencia gringa y sin ningún elemento latinoamericano, no estaba formalmente vinculado con la izquierda. Por eso fue el rock la música que se ponía en los parlantes del los estadios para evitar que se escucharan los gritos de los detenidos torturados. La Secretaría Nacional de la Juventud, brazo juvenil del oficialismo, se dedica a auspiciar a grupos de rock chilenos como una forma de invisibilizar los problemas reales y alienar a la juventud. Está como ejemplo el auspicio de las tocatas dominicales en El Pueblito del Parque O’higgins. Se difunde el rock en inglés porque es una música que no tiene un contenido claro u opositor, y a la vez, se prohíbe cantar en español porque esto sí puede reflejar la cruda realidad, y con ello generar conciencia.

Con esto, se suprime el discurso propio y se impone e instaura la cultura del cover. Muchos grupos, como Tumulto o Arena Movediza tuvieron que tocar canciones de Yes, Led Zeppelin, Black Sabbath o Grand Funk para poder ser permitidos y tocar con tranquilidad. El rock se volvió un elemento funcional a la dictadura -de manera macabra- y al mismo tiempo, un elemento perjudicado por la misma.

El rock chileno tuvo que enfrentar una situación doble muy compleja de la que definitivamente salió perjudicado, ya que llevaba una trayectoria clara y directa hasta ese entonces, pero que luego del Golpe, se congeló. Toda una fuerza creativa se vio totalmente abortada. Los músicos estaban sujetos al toque de queda, no podían circular libremente y estaban obligados a tocar en sus propias poblaciones, a refugiarse en la periferia porque no se podía ir al centro. Una confinación física, incluso: no podían salir de sus casas porque había toque de queda, no podían cantar en español porque era peligroso, no podían tener canciones propias porque eran censurados.Se enajenó todo un público, toda una generación de adolescentes.


Todo ello hasta que el punk, el new wave y el electropop -estilos que aterrizaron en el país juntos y revueltos en los ochentas- comenzaron a transformar los ámbitos juveniles con nuevas agrupaciones y lugares. 1984 es el año en que Los Prisioneros revientan el Café del Cerro, en Ernesto Pinto Lagarrigue #192 (Barrio Bellavista). Por el mismo tiempo, aparecía el Garage Internacional, en Matucana #19 (Barrio Estación), administrado por Jordi Lloret, donde se hicieron masivas tocatas y fiestas anti-dictatoriales y donde nace, tardíamente, el punk chileno de la mano de los Pinochet Boys y Dadá. Se suman el viejo Teatro Carrera (Barrio Centro), donde tocó Florcita Motuda y se bailaba al son de Sumo. En El Trolley, de San Martín #841, tocaron los Fiskales Ad-Hok, Mauricio Redolés y los Electrodomésticos.

Esta andanada de lugares y personajes hizo ver la emergencia de una nueva juventud, menos atada que la de la primera época de la dictadura, que esperaba el plebiscito del 1988 bailando y disfrutando la noche, pero que vio truncos sus sueños de libertad con la asunción de la democracia pactada en marzo de 1990. Con la democracia vino la transición, período donde (supuestamente) se volvía a la libertad, a la no censura, a la fiesta. "El poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". La clandestinidad y amateurismo de finales de los 80 se extingue, y con ello, muchos de estos lugares, dando paso a una época donde la cultura se torna paternalista y de contenido pacificador, y donde la ciudad se dispondrá a ser escenario de sendos conciertos internacionales.

La tesis de que la dictadura consiguió instalar en la mentalidad colectiva de la urbe el terror a la noche como un componente esencial e insustituible de la vida de los santiaguinos, nos permite visualizar la existencia de una ciudad altamente segregada no sólo en el terreno social, como lo había sido en el siglo XX. Con la dictadura, se proyectó también en el campo de la exclusión cultural, que permitió a la oligarquía reemplazar el imaginario mental de la nocturnidad democrática capitalina de los fines de semana de los años '60 y '70 por el ideario televisivo del sábado performántico, extendido y circense, que niega la noche como lugar y espacio de recreación colectivo y popular, limitándolo a una programación virtual de películas, series y programas de conversación y cantos espurios, sin trascendencia ni contenido.

A pesar de esto, surgieron lugares, cuerdas, voces y canciones para realizar subverciones culturales que fueron impulsoras del nuevo sonido musical chileno.

"Dictadura musical
nadie puede para de bailar
la música del General"
Pinochet Boys - La Música del General (1985)

(*) Artículo publicado originalmente el 01.10.2010

Bibliografía:

Ponce, David. 'Prueba de Sonido', Ediciones B, Santiago, 2008.
Ramírez, Juan Carlos. 'Santiago Underground'. Diario La Nación, Santiago, 31.12.2006

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Sankt Pauli, el club más rockero de todos


Es difícil encontrar una combinación tan perfecta entre fútbol y rock, mezclando la pasión inexplicable que ambas maravillas de la era moderna pueden entregar. Este es el caso del Sankt Pauli (o FC St. Pauli),  equipo que actualmente juega en la segunda división de la Bundesliga (liga alemana), y que sale a la cancha acompañado por el sonido ensordecedor de las guitarras de 'Hell’s Bells' de AC/DC estallando por los parlantes al inicio de cada encuentro. Pero no solo los riff de Angus Young son los que llenan de rock el estadio de los alemanes. Cada vez que el equipo marca un gol, suena la inigualable 'Song 2' de los británicos Blur, provocando el delirio de sus hinchas.



Nacido en 1910, pero con tan sólo siete temporadas en la Bundesliga, el Sankt Pauli es oriundo del barrio rojo de Hamburgo y es el fiel reflejo de una hinchada y una localidad que propone una forma de ver el fútbol -y a la vida misma- totalmente fuera de las reglas capitalistas que dominan el mercado del deporte. Fundado por los sectores más pobres de la ciudad teutona, se han declarado públicamente como antifascistas, antiracistas, antisexistas y antihomófobos. Su Presidente, Corny Littmann, es uno de los fundadores del Partido Verde, conocido activista homosexual, destacado empresario teatral alternativo y ferviente fanático del equipo, cuya devoción por los Kiezkicker queda demostrada cada fecha, cuando el Millerntor-Stadion se llena con los 15.000 incondicionales hinchas que han seguido ciegamente a su equipo por la segunda y tercera división alemana. Hinchada compuesta en su mayoría por prostitutas, okupas, punks, homosexuales, artistas y clase trabajadora, engalanando el escenario con banderas piratas, símbolos antifascistas y de izquierda.



También resulta interesante el rol que ha tenido el punk en el club, ya que fueron éstos quienes introdujeron la bandera pirata como símbolo de la lucha contra el capitalismo. Desde ese momento, la calavera con las tibias cruzadas se convertiría en el emblema no oficial del equipo, siendo utilizada por todos los hinchas e, incluso, en los banderines del córner.

Son estas razones que hacen que el St Pauli convierta al fútbol en una auténtica expresión del rock y siendo la música usada como bandera de lucha a favor de ese fútbol de barrio y de esa pasión que ninguna sociedad anónima puede eliminar.

(*) Artículo publicado originalmente el 14.03.2010

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Lennon, imaginación anarquista

“You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one.
I hope someday you’ll join us, and the world will live us one”


Mucho antes que el rock y sus distintas ramificaciones tomaran las canciones como bandera de lucha, fue Violeta Parra por allá en los ’60 la que le dio a los cantos el alma revolucionaria. Decía que “la obligación de cada artista es la de poner su poder creador al servicio de los hombres”. Tal vez, sin saberlo, John Lennon, el inmortalizado icono de rock por excelencia, toma esta ‘obligación’ de la que habla Violeta, la hace propia y la transforma en la inspiración para que su creatividad bulla y se transforme en acordes y versos contestatarios. Él mismo nos lo dice:

My role in society, or any artist's or poet's role, is to try and express what we all feel. Not to tell people how to feel. Not as a preacher, not as a leader, but as a reflection of us all.

[Mi rol en la sociedad, o la de cualquier artista o poeta, es intentar expresar lo que sentimos todos. No decir a la gente cómo sentirse. No como un predicador, no como un líder, sino como un reflejo de todos nosotros]
De revolución, pacifismo, religiosidad; sus letras nos invitan a la profundidad de su pensamiento, sus ideales, esos que por sobre todo hablan de libertad. No tuvo miedo de decir lo que pensaba, incluso, cuando estuvo en Estados Unidos y su ejército estaba en plena Guerra de Vietnam. Sus dichos, por entonces, lo convirtieron en "un hombre peligroso" para el gobierno yanqui, por lo que sufrió una silenciosa persecución política por parte del FBI. El documental The US versus John Lennon (2006) investiga y trasparenta esa situación. Aún así, y ya abocado en su carrera solista, Lennon no dejó su bandera de lucha y se fue en contra el sistema. En una entrevista concedida a un paskín trostkista de Inglaterra en 1971, decía: "Siempre he tenido conciencia política y he estado contra el statu quo".

Ahora bien, lo que el siempre buscó fue la paz. Este pensamiento ha llevado a varias confusiones entre el público y fans acerca de su ideología. El pasado 8 de diciembre, se conmemoraron los 31 años de su infame asesinato. Precisamente, ante este recuerdo, algunos de los comentarios que se podían leer en las redes sociales hacían hincapié sobre el "lugar" donde descansa el alma del excelso guitarrista armónico de The Beatles, específicamente apuntando al "cielo donde llegan las personas buenas", tal y como reza la tradición cristiana. Mientras otros, sin resquemores, apuntaban a que Lennon debería formar parte de la clase política británica, y los más osados lo elevan incluso a la realeza. A raíz de esto, me animé a desclasificar y tratar de interpretar su ideología a través de una de sus canciones más populares y paradigmáticas en su carrera solista: 'Imagine', de 1971.


Es un himno por la paz, un estado de plenitud espiritual al que se llegaría a través del amor, como canta en otra canción. Pero esa paz no se puede alcanzar por medio de religiones, partidos políticos o posesiones. Eso es lo primero que nos da a entender. ¿No son acaso estos los principios fundamentales del anarquismo? Entonces, bien podríamos decir que Lennon fue uno de los más ilustrados anarquistas. Intentemos imaginarlo. "Todo lo que una persona pueda imaginar, otras podrán hacerlo realidad”, decía Verne.

Imagine there's no heaven
It's easy if you try
No hell below us
Above us only sky
Imagine all the people
Living for today

Ya en las primeras líneas, encontramos una fuerte presencia de su visión anti-religiosa (en el sentido dogmático) de la que bien ya sabíamos en su etapa como beatle: "la religión es sólo una manera de sacarle el diezmo a los ignorantes". Nos habla desde el pragmatismo terrenal, nos dice que imaginemos que no existe un cielo diáfano, que no hay infierno donde irían a parar los pecadores, y que imaginemos a todas las personas viviendo el presente, no en el futuro ni el ayer. Estos versos nos hablan de combatir el miedo, la coartación de nuestra libertad para así ser capaces de vivir todos juntos en el hoy.

En esta primera estrofa, podemos llegar a leer vestigios de las palabras que el filósofo y teórico anarquista ruso Mijaíl Bakunin escribió allá en 1871 en "Dios y el Estado":

Si Dios existe, el hombre es esclavo; ahora bien, el hombre puede y debe ser libre; por consiguiente, Dios no existe.
En este sencillo silogismo que hace Bakunin, podemos leer un razonamiento parecido al que hace Lennon: si Dios no existe, no existe el llamado ‘reino de los cielos’, ni menos el infierno. Sólo existe este mundo. Nos libramos así del yugo de las consecuencias, de la moral impuesta, de los principios dogmáticos. Puede que esta comparación suene antojadiza, pero es el propio Lennon el que, en su canción 'God' reafirma su negación a la existencia de un dios todopoderoso, omnipresente:


God is a concept
by which we measure
our pain
'God', 1970

Si profundizamos más sobre su pensamiento sobre la religión, y sobre todo su opinión sobre el cristianismo, encontramos una de las más notables y polémicas frases del rock, cuando en una conferencia de prensa en 1966, John declara:

Christianity will go. It will vanish and shrink. I needn't argue about that; I'm right and I'll be proved right. We're more popular than Jesus now; I don't know which will go first—rock 'n' roll or Christianity.


[El cristianismo se irá. Desaparecerá y se contraerá. No necesito argumentar sobre eso; estoy seguro y se comprobará. Ahora somos más populares que Jesús; no sé quién se irá primero – el rock ‘n’ roll o el Cristianismo]
Imaginemos que no hayan religiones, que no haya más que nosotros mismos viviendo en armonía, libertad, paz y felicidad, sin condicionantes doctrinales, sino más bien, como una espiritualidad propia y personal. La invitación que nos hace Lennon es para que reflexionemos hacia donde nos condice nuestra existencia acorde a nuestros propios valores.

Imagine there's no countries
It isn't hard to do
Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace

Luego, nos invita a imaginar un mundo donde no hay países, donde no hay razones para matar o morir. Estos versos vienen desde el imaginario de la realidad utópica de Lennon, él mismo dice que es un soñador, pero recalca que esta utopía es posible y que algún día, quizás cuando uno esté cansado de tanta guerra, de tanta muerte, de tanta hambre, de tanto, nos unamos a esta esperanza. Es algo así como las pancartas anarquistas cuando dicen: "la utopía es posible" o como la consigna del Mayo Francés del '68: “seamos realistas, pidamos lo imposible”.


En esta estrofa, aparecen –de forma implícita si quieren- los postulados de otro ilustre anarquista, el teórico estadounidense Henry Thoreau, quien en su obra "Desobediencia Civil" (1848) nos dice:

Creo de todo corazón en el lema “El mejor gobierno es el que tiene que gobernar menos”, y me gustaría verlo hacerse efectivo más rápida y sistemáticamente. Bien llevado, finalmente resulta en algo en lo que también creo: “El mejor gobierno es el que no tiene que gobernar en absoluto”. Y cuando los pueblos estén preparados para ello, ése será el tipo de gobierno que tengan. En el mejor de los casos, el gobierno no es más que una conveniencia, pero en su mayoría los gobiernos son inconvenientes y todos han resultado serlo en algún momento.
Esto es lo que desea Lennon desde el fondo de su ser, porque reconoce que son los países, a través del Estado, las instituciones confeccionadas por y para el poder. ¿Qué necesidad hay de etiquetarnos como ciudadanos de un país? John quiere que sólo existan las personas viviendo en paz. Es algo que pide que nos imaginemos y lo sopesemos contra lo que tenemos, un mundo colapsado por la desigualdad. Entonces, sus palabras no son más que el impulso para que desde abajo, comencemos a construir una sociedad igualitaria, en donde la etiqueta de un país no implique nada, y así, deshacernos del poder que nos impone una nación para ser verdaderamente libres, sin ataduras chovinistas.

Bakunin también intentó imaginar esto:

(...) Rechazamos toda legislación, toda autoridad y toda influencia privilegiadas, paternales, oficiales y legales; aunque salgan del sufragio universal, convencidos de que no podrán actuar sino en provecho de una minoría dominadora y explotadora, contra los intereses de la inmensa mayoría.
¿Para qué queremos un Estado que no cumple con sus funciones básicas de garantizar el bienestar del Pueblo? Tanto Thoreau como Bakunin – y Lennon - creían que sin Estado podemos estar mejor, vivir mejor. El desencanto que le produce el sistema a Lennon lo manifiesta también, cómo no, en otra de sus creaciones musicales: 'Gimme Some Truth'.


I've had enough of reading things
By neurotic, psychotic, pig-headed politicians
All I want is the truth
Just gimme some truth
'Gimme Some Truth', 1971

En esta canción, pone de manifiesto su más profundo desencanto con el sistema. Dice estar cansado de leer las promesas de políticos neuróticos, psicóticos y estúpidos, y remata con unos versos tan honestos como indolentes: todo lo que quiero es la verdad, sólo dame algo de verdad. Thoreau, se expresa con la misma intención que el grito principal de esta canción: "antes que el amor, el dinero, la fe, la fama y la justicia, dame la verdad"

Casi ya finalizando, Lennon escribe una fabulosa y hermosa reflexión: imagina que no hay posesiones, ni necesidad de codicia ni del hambre, una hermandad de hombres, imagina a todas las personas compartiendo el mundo.
Imagine no possessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
A brotherhood of man
Imagine all the people
Sharing all the world

Una comunidad que se maneje a sí misma, sin posesiones, pues de éstas se derivan el dolor, la pobreza, la desigualdad, la codicia, el odio, el egoísmo. ¿No está acaso hablando del capitalismo salvaje que nos sigue azotando e impulsando al abismo? Del desapego a las instituciones, ya sean políticas, religiosas, económicas, es lo que nos pide imaginar, deslegitimizar la superestructura que nos mantiene encadenados.

Esclavos de Dios, los hombres deben serlo de la Iglesia y del Estado, en tanto que este último es consagrado por la iglesia. (Bakunin, 'Dios y el Estado')


El Estado, pues, nunca confronta a conciencia la razón de una persona, intelectual o moralmente, sino sólo su cuerpo, sus sentidos. No está equipado con un ingenio superior o una honestidad superior, sino con fuerza superior. Yo no nací para ser forzado. Respiro a mi manera. (Thoreau, 'Desobediencia Civil')
En los tres últimos versos, Lennon proclama una sociedad justa, igualitaria, libertaria; donde el mundo esté compartido, donde la libertad propia rija nuestro propio destino y no interfiera en el de los demás. Habla de un mundo donde al fin el ser humano pueda merecer ese nombre, de un futuro que intentó crear. ¿No es un ideal suficientemente hermoso por el que luchar?

Debemos dejarnos impregnar por las palabras de Lennon e ir más allá. Dejar de imaginar y pasar a la realidad para cambiar el mundo tan desastroso como está. Sin duda, John no era el único soñador, somos varios los que queremos que el mundo "sea uno y para todos" como recita otro gran rockero, pero para eso, debemos dejar de ser meros espectadores, llevar la imaginación al poder, a nuestro poder. Liberarnos y vivir en esa paz que tanto buscó y que desde esta tribuna, esperamos que esté gozando donde quiera que se encuentre.

(*) Publicado originalmente el 10.12.2011

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Pussy Riot: el regreso del espíritu punk


Provocadoras como los Sex Pistols, auténticas como The Clash y con el espíritu femenino de Patti Smith; las Pussy Riot se han transformado en el icono de la lucha contra la censura y también ha vuelto a poner sobre la mesa el rol de los músicos en la política y en la contracultura.

Su historia se remonta al año recién pasado, específicamente a septiembre, con el anuncio del ex-agente de la KGB, Vladimir Putin, de volver a presentarse a elecciones presidenciales. El descontento provocado por este pronunciamiento fue el germen de un proceso de movilizaciones contra el ya actual primer mandatario ruso. Así, tomando la urgencia que históricamente caracterizó al punk, las Pussy Riot nacen como parte de un movimiento de jóvenes que, a través de performance urbanas, denuncian la sistemática censura del gobierno ruso y reivindican la lucha feminista.

Serafima -seudónimo utilizado por una de las más de diez integrantes actuales del colectivo- define de manera muy clara el surgimiento de Pussy Riot: 

Justo después de que Putin anunciara que pretendía volver a ser Presidente y tiranizar Rusia durante al menos 12 años más, en ese momento, nos dimos cuenta de que este país necesitaba un grupo militante, punk y feminista, que se moviera por calles y plazas, movilizando toda la energía pública acumulada contra los corruptos malvados de la junta de Putin. Y enriquecer así la oposición cultural y política rusas con temas que nos importan: los derechos de la mujer y de gays, lesbianas y transexuales, así como denunciar la ausencia de un mensaje político valiente en las escenas de música y arte, y la dominación masculina en todas las áreas del discurso público. 

La censura del rock en Rusia tiene larga data. Desde los años ’50, con la premisa que “el rocanrol era una perversión vulgar del capitalismo”, pasando por la prohibición de difundir en las radios a los Beatles y a los Rolling Stones; el rock ruso estuvo -hasta recién entrados los años ’80- en absoluta clandestinidad, siendo un aspecto común en la vida social de su juventud. Recién en 1981 tuvieron su primer gran lugar de difusión: el Rock-Club de Leningrado, en San Petersburgo, donde bandas como Kino, Agatha Christie, Secret, Televizor, Pop-Mekhanika, Nautilius Pompilius y Aria -que se mueven en géneros como el new wave, el punk, el synth pop y el heavy metal- cantaban sobre la vida cotidiana de la ex-URSS, difundiendo temas que hacían referencia a la violencia doméstica, al alcoholismo, la criminalidad, la rutina mental, al estancamiento en la vida social, al rechazo a los dogmas de la doctrina stalinista y, en casos más osados, el cuestionamiento a los jefes de Estado de los soviets y a los privilegios de pertenecer a las capas aristocráticas inscritas en la llamada Nomenklatura. Luego, en la segunda mitad de los ’80 y de los ’90, las ilusiones democráticas que la Perestroika y la restauración capitalista intentaron promover se terminarían esfumando con el reforzamiento del carácter policial, represivo y censor del Estado, prácticas que hasta el día de hoy se replican .

Hoy, al parecer, la bandera de lucha que llevan a cabo las Pussy Riot, y que flamean con orgullo y hasta las últimas consecuencias, también cubre los 'ideales' de los artistas del show bussines, como Madonna, Paul McCartney, Anthony Kiedis (RHCP), Beastie Boys, Patti Smith, y Pete Townshend (The Who), entre otros, los cuales se han expresado en contra la censura al arte y exigen la libertad de las músico-militantes, haciéndose parte también del mensaje de toda una generación que está detrás de ellas, porque este colectivo de arte callejero se transformó en el canal de expresión para miles de jóvenes frente al cuestionable régimen de Putin (que ya se caracterizó en su anterior periodo en el Kremlin por lamentables cifras para el país del noreste asiático: aumento de la pobreza , los ataques terroristas y la corrupción, sumando la pérdida de derechos civiles).


En lo musical, las pussy tienen un sonido crudo, directo. Entre sus influencias encontramos bandas 'Oi!' (street punk) y el punk clásico de principio de los '80: Sham 69, Angelic Upstarts y Cockney Reject; así como otras más ligadas al riot grrrl de los '90, como las L7, Bikini Kill y 7 Year Bitch. En cuanto a sus letras y su posición ideológica, sus inspiraciones vienen de las teorías feministas de Simone De Beauvoir, Andrea Dvorkin, Emmeline Pankhurst, Shulamith Firestone, Kate Millett, Rosi Braidotti y Judith Butler.



Y en lo que se refiere a la militancia, las protestas callejeras con burlas a los símbolos del poder político y eclesiástico son parte de su batería de acciones insurgentes, las cuales son consideradas ilegales por el gobierno ruso. Utilizan cualquier escenario urbano para desarrollar sus intervenciones: desde micros, estaciones de metro, desfiles de modas y negocios de ropa de alta costura hasta la Plaza Roja, el techo de un centro de detención y, la última -que terminó generando la detención de tres de sus integrantes-, la actuación en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú.


El desencanto a los requisitos de la actualidad política pusieron a prueba la intolerancia del régimen putiniano. Con la detención, juicio -que nada tuvo que envidiarle a los viejos procesos de Moscú de los años ’30- y condena de dos años de prisión por haber "socavado el orden social" a las tres activistas de las Pussy Riot: Maria Aliojina, Yekaterina Samutsevich y Nadezhda Tolokonnikova, se encendieron las alarmas respecto a la libertad de expresión en lo que se supone es una nación democrática. Hasta organismos internacionales de DD.HH. como Amnistía Internacional se han sumado a la campaña "Free Pussy Riot", que aboga por la libertad de las tres jóvenes .

La importancia simbólica que el gobierno ruso le dio a dicha catedral no sólo pone de manifiesto los entrelazamientos políticos de Putin con el poder eclesiástico de la iglesia ortodoxa rusa -hoy dirigida por patriarcas con pasado de agentes de la KGB, como Kirill Gundyaev-, sino que también, manifiesta la impostura política que gobiernos de diferentes colores, ONGs, grupos financieros, periodistas, la ONU y hasta las mismas burocracias, pretenden como promoción la “democratización” por medio de la intervención del clero en la vida política y social de los ex-estados socialistas. Porque seamos claros: las Pussy Riot fueron condenadas por expresar, pacíficamente, sus ideas. 


Cuando muchos creían que el rocanrol y su poder de convocatoria se limitaban a los megafestivales, estas chicas rusas (sin camarines, productoras, managers ni esforzados saludos al público con camisetas de fútbol) han recogido la simpatía movilizadora de miles de jóvenes de todo el mundo en un solo grito de guerra: FREE PUSSY RIOT. 

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Timothy Leary: la psicodelia y el rock

Buscando algo en común en la renovación artística de los años 60, parece ser que el uso de alucinógenos es el punto de inflexión. Fue Leary, el gurú en la investigación sobre los efectos del LSD, el que inspiró a toda una generación con sus teorías. Fue entonces cuando rock y sicodelia se fusionaron.

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La BIG Rabia: rocanrol sin pelos en la lengua

Con un sonido renovador que viene a refrescar la escena rockera chilena, La BIG Rabia toma una pausa en su agenda marcada por la salida de su próximo disco ‘Congo Zandor’ para respondernos unas preguntas sobre su visión de la música y la relación de ésta con la contracultura y contingencia

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Post 100 ¿Por qué +ROCK?

“El conocimiento habla, pero la sabiduría escucha” 
Jimi Hendrix


A veces, como ejercicio para hacer un análisis y saber cómo se están haciendo las cosas, es bueno mirar hacia atrás y ver los objetivos y las ideas que nos hacen ser, pertenecer y crear algo, en nuestro caso, este sitio de lectura musical.

No podíamos, entonces, dejar pasar este post número 100 a la suerte de la inspiración de alguno de nuestros columnistas. No porque vayan a ser malas y ésta sea la panacea, sino porque el número indica que ya han pasado casi una centena de historias musicales que hemos compartido, y eso vale para revisar nuestra declaración de principios que se imprimió con tinta virtual por allá en septiembre del 2010, y con ella, volver a debatir con ustedes nuestra visión del rock:
+ROCK como idea es agregar más rock a la web, creando contenidos alternativos al respecto, desde nuestros diversos acercamientos para que, como dicen ‘no nos falte rock’. El rock esta por todos lados, y más allá de ser un género musical, es una visión del mundo. A partir de esa visión, existen muchas conexiones con las distintas artes, la ciudad, la política, la sociedad y la cultura occidental en general. Nuestra misión autoimpuesta es rescatar aquellas visiones para elevar la percepción general del rock a lo que nosotros creemos y vivimos a diario, que más que música, es un espíritu en común, y ese espíritu se debe esparcir sólo de una manera: con +ROCK.
Want you to rock me
Rock me all night long 
The Doors - Rock Me

“El rock está por todos lados”. Esa es nuestra idea esencial, nuestro motor que hace andar a la máquina y nuestro corazón que nos hace sentir y vibrar al son de un riff de guitarra, una línea de bajo, un redoble de bombo o un grito visceral.

No es azarosa esta frase. Como un cristiano cree en la Biblia o un hincha de fútbol en el equipo de sus amores, nosotros, los que escribimos acá y los que nos leen, creemos a fuego en esta premisa de que el rock está en cualquier parte. En las anteriores noventa y nueve columnas, hemos venido dando cuenta de cómo esos sonidos, esas voces y esos instrumentos que se encapsulan celosamente en ploricoruro de vinilo, en plástico y mercurio o simplemente en casi infinitos bytes, van dejando algo más que melodías en el ambiente y que nos acompañan en todo y en cualquier momento, sino que también, van estampando con mensajes llenos de contenido sociocultural el espíritu de nuestro tiempo.

Por eso iniciamos el rescate y difusión de esos mensajes; a veces directo, a veces entre líneas y otras, propuestos como tesis. Tal vez no lleguemos a descubrir el por qué la raíz cuadrada de Bob Dylan no es igual a la hipotenusa de la historia del rock, pero sí trataremos de escudriñar el por qué este coloso musical rebelde y pluralista se manifiesta ‘en todas las esquinas’.

She started dancin' to that fine fine music
You know her life was saved by rock 'n' roll 
Yeah! rock 'n' roll
The Velvet Underground - Rock 'N' Roll

El rock es movimiento, es el ‘roll’ que va nutriendo y se va nutriendo en una sinergia constante con las cosas que están alrededor, esas cosas que consumimos, con las que interactuamos en el cotidiano. En estas páginas han pasado y seguirán escribiéndose esas cosas que creemos suman para una percepción global e integradora del rock. Por ejemplo: que La Renga toma ideas de la literatura de Carlos Castaneda, que Black Rebel Motorcycle Club le debe el nombre a una película de principios de los ‘50, que el equipo alemán St. Pauli celebra sus goles con ‘Song 2’, que los Beatles le deben a la moda francesa de los '50 su imagen estética, que fue la virtuosidad de Clapton la que inspiró el primer graffiti rockero callejero, suma y sigue.

El rock ha sido –y todavía es– un potente generador, un impulsor de estímulos, tendencias, furias, estilos, ritmos; un catalizador de modas, energías y pasiones, y la forma más directa de expresar la rebeldía de las últimas generaciones. Poetas armados de guitarras, revolucionarios armados de sonido, visionarios armados de libertad.

Y es porque el gen rock viene de tiempos difíciles, de cambios sociales tan urgentes como maniobrados. Por eso no es curioso que sea éste un importante testigo de la historia: desde esos vinilos de blues que iban empacados por los soldados estadounidenses en plena Segunda Guerra y que sobrevivieron al horror y la muerte para que luego dieran paso a la invasión británica rockera, esa de la generación postguerra de los Clapton, los Page, y que luego, se heredaría a finales de los '60, principios de los '90 y mediados de los '00. Cuatro generaciones que entraron en sintonía con la realidad con una guitarra colgada en el hombro y que, como los últimos movimientos sociales, nadaron con sentido de cardumen por ideales más nobles en el contaminado y corrupto océano de poder y ambición.


A todos, los que fueron los mejores que existieron
Que han dejado el sonido, no les puedo pedir más
Guiso - El Sonido

Hay una teoría que postula que el rocanrol creó la adolescencia, y con ello, la rebeldía y la melomanía. Así, todo junto y de golpe allá en los ’50, cuando la cultura afroamericana se mezcló con la anglosajona, cuando la música sagrada del gospel se mezcló con los gritos de libertad del blues y se volcaron a ritmos acelerados y mensajes erotizados en esa época donde música, baile y contenido comenzaron a ser uno... cuando un joven camionero de Memphis llamado Elvis Presley entró a los estudios de grabación Sun Records con Scotty Moore en guitarras, el bajista Bill Black y el batero B.J. Fontana en 1955, iniciando una nueva etapa en la música...

Dicen los que saben, que antes del rocanrol, la etapa de la niñez a la adultez estaba marcada por la iniciación sexual. Los niños y niñas estaban condenados a repetir, sin error ni desvío, el patrón de sus padres, cual axioma matemático. Entonces, aparece el rock para crear esa etapa en nuestras vidas, cuya etimología pareciese venir de verbo adolecer: la adolescencia, ese momento de dudas, desenfreno, locura, experimentación, rebeldía, ideología. La entidad de ese instante en que ese niño o niña decide que no quiere repetir el destino y quiere romper la cadena de producción de una sociedad ‘perfecta’. Esa sería la gran forma en que el rock cambió el mundo (desde el plano de la psicología social, si se quiere).

El rocanrol se transformó en contracultura, en una forma de ser y actuar para romper moldes hegemónicos. Fue además Libertad -sí, con L mayúscula – y la Libertad crea miedos en la historia. Como decía Pete Townshend: "si grita pidiendo verdad en lugar de auxilio, si se compromete con un coraje que no está seguro de poseer, si se pone de pie para señalar algo que está mal pero no pide sangre para remediarlo, entonces es rocanrol".


We need change, we need it fast
Before rock's just part of the past 
'Cause lately it all sounds the same to me
The Ramones - Do You Remember Rock 'N' Roll Radio? 

Es sencillo: el rock es subversivo, no porque parezca autorizar el sexo, la droga y otras emociones fáciles, sino porque anima a la gente a juzgar por su cuenta los tabúes de la sociedad. El rock es revolucionario, no porque incentive prejuiciosamente un cambio social, sino porque es un crisol que va acumulando historia. Por eso el rock es capaz de infiltrarse en el sistema y entregar un mensaje libertario mientras su melodía es ocupada por una marca que intenta vender un producto que quizás no necesitamos.

Entonces, ¿por qué no tomar esta cosmovisión y plasmarla para que todos y todas podamos ir conociendo, compartiendo y conversando este lado del rock? Para eso estamos, por eso escribimos. Con humildad y actitud, pero sin mostrar prepotencia, practicamos este violento oficio de escribir para revelar ese lado del rock que está un poco invisibilizado en una era donde el consumo rápido y sin contratiempos es la tendencia.

Pero eso no nos detendrá. Así como la simpleza y crudeza del punk irrumpió en un mundo (sobre)cargado de tecnicismo y glamour, seguiremos metiéndonos en este espacio globalizado y online, sin abandonar nuestra máxima, intentando en cada escrito plasmar el inclusivo mensaje de sesenta años de rocanrol escritos con sangre, fuego, música, drogas, adrenalina, no poco sudor, muchas lágrimas y toda una leyenda; porque sabemos que el rock estará en la próxima película que irás a ver al cine, en la calle donde caminas cuando vas a tu casa, en el libro sobre tu velador y en el sonido que te ha estado acompañado desde que empezaste a leer esta columna.


Hey hey, my my
Rock and roll can never die
Neil Young & Crazy Horses - Hey Hey, My My (Into The Black)

El rock está en todos lados, sólo falta que lo descubramos. Por eso somos +ROCK.